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» 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18
Jue Mar 06, 2014 6:55 pm por mayovictoria

Nuestro autografo de Taylor Lautner

Fan del Mes
Nombre: Rocío Valverde Torres
Alias/Apodo: Rocio
Edad: 22 años
País: España-Madrid
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Jacob Black Fan

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 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18

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AutorMensaje
JACOB&NESSIE
Team Mariana


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Fecha de inscripción: 14/01/2011
Edad: 34
Localización: Asturias, España, en el bosque con Jake =)ººº

MensajeTema: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Abr 02, 2011 11:01 am


CONTINUACIÓN DE "DESPERTAR" http://jacob-black.foroactivos.net/t553-el-libro-de-jacob-y-nessiedespertarcontinuacion-amanecer-18



Este libro está registrado en Save Creative para evitar posibles plagios. Todos los derechos están reservados a Tamara Gutiérrez Pardo, la mala utilización de los mismos por parte de otras personas podría ser objeto de sanción y/o delito.

RESUMEN

Después de vencer todas las adversidades que se interpusieron en su camino, Renesmee Cullen (Nessie) y Jacob Black por fin están disfrutando de su profundo, apasionado y hechizante amor; dos almas gemelas imprimadas y enamoradas que bailan juntas una danza armónica, inseparables, vinculadas de una manera extraordinariamente fuerte e irrompible, espiritual, mágica. Todo en su nueva vida parece apuntar a un horizonte infinito y eterno lleno de paz y armonía.

Sin embargo, ese horizonte se verá enturbiado y correrá el riesgo de no aparecer más.

Una oleada de personas desaparecidas en las ciudades cercanas, un doble encuentro inesperado en el bosque quileute, una amiga con problemas, una esperanzadora profecía que no gusta a todos, magia negra que parece invencible, un encierro eterno, maldiciones y hechizos encadenados, una durísima y larga prueba al amor, unos seres monstruosos y extraños, una Renée desesperada, más desapariciones inexplicables, las pretensiones y tentativas que ahora despierta el Gran Lobo, el rencor de un lejano y antiguo pasado que regresa siglos después para clamar venganza, y una extravagante y forzada oferta de los Vulturis, harán que Jacob, Nessie y los Cullen se vean envueltos en una guerra por el poder.

Una nueva era se acerca, y sólo alguien tendrá la llave para iniciarla.


--------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

¡¡HOLA A TODAS!!

¡¡Aquí está la continuación de "DESPERTAR"!!

¡¡Bienvenidas a una NUEVA ERA!!

AVISO PARA NUEVOS LECTORES:
Like a Star @ heaven Para leer este fic, primero tendréis que leer el anterior: DESPERTAR http://jacob-black.foroactivos.net/t553-el-libro-de-jacob-y-nessiedespertarcontinuacion-amanecer-18 , puesto que esto es una continuación y si no, no vais a entender nada Wink
Like a Star @ heaven Yo seguiré muy pendiente de ese fic, así que podéis dejar vuestras dudas, comentarios, ect allí, que yo contestaré encantada Wink

Y PARA TODOS:
Like a Star @ heaven Esta historia está recomendada para mayores de 18 años, aviso Wink
Like a Star @ heaven Por favor, no seáis lectores fantasma, resulta un poco frustrante Sad
Like a Star @ heaven Iré actualizando a medida que vaya escribiendo los capis, lo cual no sé a qué ritmo lo haré (intentaré ir rápido, si la historia y la trama me deja Razz ), así que puede tocar a uno o dos capis por semana, ya veré Wink
Like a Star @ heaven Todos los capítulos ya estarán registrados en Safe Creative cuando los cuelgue aquí, para evitar plagios.


Y así de primeras, pues no se me ocurre más, jajaja, así que empiezo Wink

Espero que esta continuación os guste tanto como el primer libro Wink

UN BESAZO A TODOS Y GRACIAS DE ANTEMANO POR DARLE UNA OPORTUNIDAD!

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- PARTE UNO: HORIZONTE
- PARTE DOS: PROFECÍA
- PARTE TRES: COMIENZO
- PARTE CUATRO: NUEVA ERA



NUEVA ERA

Basado en las novelas de Stephenie Meyer: Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Amanecer.


NOTA DE LA AUTORA

Esta novela está basada en los libros de Stephenie Meyer: Crepúsculo, Luna Nueva, Eclipse y Amanecer y es la continuación de todos ellos y de Despertar, escrito por mí. Los personajes de esta novela están asociados a la saga citada anteriormente, están creados y son propiedad de Stephenie Meyer, excepto otros personajes que solamente aparecen en Despertar y en este relato, que están creados por mí. La utilización en esta novela de los personajes propiedad de Stephenie Meyer es puramente gratuita y sin ánimo de lucro ninguno, solamente son usados con fines de entretenimiento.

Gracias por leerlo, espero que a quien lo lea le guste y que lo disfrute lo mismo que lo haré yo escribiéndolo.



=PARTE UNO=
HORIZONTE


= RENESMEE =

PREFACIO

- Jake – le llamé con un murmullo.
- Dime.

Alcé el rostro para mirarle y él bajó el suyo, haciendo que nuestros dos semblantes quedasen a un palmo.

- Prométeme que jamás olvidarás que te quiero – susurré.
- ¿Qué? – inquirió sin comprender.
- Pase lo que pase, aunque no te lo pueda decir, quiero que recuerdes que yo siempre seré tuya, que te amo, y que siempre, siempre te amaré.
- ¿Por qué me dices esto? – sus cejas bajaron con extrañeza.
- No lo sé…, es una especie de intuición – manifesté con un poco de ansiedad.
- Nessie, sólo ha sido una pesadilla – murmuró.
- Prométemelo – le imploré, subiendo la mano para acariciar su hermoso rostro -, prométeme que nunca olvidarás que te quiero.

Sus ojos se clavaron en los míos durante un instante.

- Te lo prometo – dijo por fin.
- Gracias – sonreí -. Te quiero.
- Te quiero – sonrió él también.



MÁS HUMANA

Mientras el señor Berty daba su tediosa lección de Literatura, yo no hacía más que mirar los goterones que caían del dintel de la ventana junto a la que me sentaba. Éstos eran tan densos y pesados, que hacían un ruido acuático y sordo al estrellarse contra el alféizar, claro que esto sólo era capaz de escucharlo yo.

La lluvia ni siquiera tocaba el cristal, tal era la fuerza con la que caía, y eso me desesperaba, porque, cuanto más la miraba, más me iba haciendo a la idea de que los planes para montar en moto con Jake iban a tener que ser pospuestos para otro día.

- Mierda – mascullé.
- ¿Decía algo, señorita Cullen? – preguntó de repente el señor Berty, haciendo que toda la clase se girara para mirarme.

Volví mi rostro hacia delante súbitamente, completamente ruborizada, ya que había estado tan inmersa en mis pensamientos, que no me había dado cuenta de que lo había dicho en voz alta.

- No, no, nada.
- ¿Le parece muy poética la lluvia?

Se escuchó un murmullo de risitas.

Genial.

- No – respondí.

Opté por no abrir más la boca, para no meter la pata, y ponerle cara de cordero degollado.

Pareció funcionar. El señor Berty suspiró, sacando el aire por la nariz, y volvió a levantar el libro para seguir leyendo ese soporífero poema.

Miré a mi lado. La silla contigua a la mía estaba vacía, como ya llevaba estándolo toda esta semana. Alcé la vista y mis ojos se toparon con los de Brenda, que este curso coincidía con nosotras en muchas clases. Sí, ella también estaba preocupada por Helen. Ni siquiera nos había llamado y no sabíamos absolutamente nada de ella.

El señor Berty dejó su lectura un segundo y me observó con ojos de advertencia, así que miré hacia delante otra vez para procurar prestar la mayor atención posible al dichoso poema.

Afortunadamente, la clase de Literatura terminó pronto. En cuanto el timbre sonó, la clase se llenó de voces y ruido de sillas arrastrándose. Me levanté de mi pupitre, después de recoger mis cosas, me puse la mochila al hombro e inicié la marcha al de Brenda.

No llegué. Enseguida fui interceptada por Matt Hoffman, el cual se plantó delante de mí tan de repente, que tuve que dar un saltito hacia atrás para no chocarme con él.

Matt era el típico guaperas del instituto. Bueno, guaperas para las demás, porque yo, acostumbrada a vampiros perfectos y a mi espectacular novio, no lo veía guapo para nada. Su pelo rubio y ondulado era separado por una raya a un lado que dejaba caer un flequillo a modo de cortina sobre uno de sus ojos azules. Era bastante alto, pues jugaba en el equipo de baloncesto, del cual era el capitán, y tenía un séquito de seguidoras que no hacían más que suspirar por él y que lo perseguían a todas partes dispuestas a hacer lo que fuera. Se había ligado a la mitad de animadoras del equipo, dato que él mismo se había encargado de airear - y seguramente engordar - por todo el centro, ya que era un presumido y un vanidoso insoportable. Yo lo aborrecía. Desde que se había fijado en mí el primer día de clase en Literatura, que, gracias a Dios, era la única asignatura en la que coincidíamos, no dejaba de darme la brasa, y eso que Jake venía a traerme y a buscarme todos los días y ya lo tenía que haber visto por aquí de sobra. Una cosa sí tenía que concederle: era muy valiente. O tal vez muy ingenuo, porque si supiera que Jake podía aplastarle como a una simple hormiga, no se pondría tan gallito.

- ¿Cómo te va, Nessie? – saludó con sus aires presuntuosos, medio sentándose en el pupitre de Brenda.

Ésta le dedicó una mirada asesina desde su silla, pues seguía sentada, recogiendo todos sus bártulos.

- Bien, gracias – le contesté con un tono un tanto cansado, moviéndome hacia un lado para hablar con Brenda.

Tampoco me dejó. Inclinó el torso hacia un lado y puso su mano sobre mi brazo para detenerme.

- Esta noche voy a dar una fiesta en mi casa, y tú tienes la suerte de estar invitada – soltó con una mueca que pretendía seductora, pero que a mí no me impresionó nada de nada, más bien al revés.

Cogí su impertinente mano – agarrándola de la muñeca, que estaba cubierta por la manga de su cazadora del equipo de baloncesto, la cual lucía con un orgullo vanidoso –, la separé de mi brazo y la dejé caer hacia abajo.

- No, gracias. Ya tengo planes con mi novio – recalqué la palabra, como siempre hacía cuando me saltaba con alguna de estas cosas.

Brenda se levantó de su asiento y se puso a mi lado, mirándole con cansancio.

- Bueno, la próxima vez, entonces – repitió él, al igual que también hacía siempre.
- No creo.

Y Brenda y yo empezamos a caminar hacia la puerta de clase.

Cuando salimos del aula, ya le estaba esperando un séquito de chicas, que me lanzaron mil cuchillos con la mirada mientras pasábamos frente a ellas.

- ¿Qué culpa tengo yo? – resoplé, al dejarlas atrás.
- Déjalas. Pasa de ellas – me dijo Brenda con tranquilidad.
- Y ese pesado, ¿no se da cuenta de que no me interesa nada de nada? – volví a resoplar.
- Bueno, tal vez si le dijeras que estas prometida, te dejaría en paz.

No me pasó desapercibido el retintín con que lo dijo.

- Sabes de sobra que aquí todavía no quiero que lo sepa nadie fuera de nosotras cinco – le reiteré por enésima vez.
- Pues no sé por qué.
- Ya viste lo que pasó cuando la gente se enteró de que estoy viviendo con Jacob – empecé a recordarle mientras seguíamos caminando hacia la cafetería -. Si no fuera porque en septiembre hice dieciocho según mi carné, el director hubiera ido a hablar con mis padres. No quiero ser la comidilla de todo el instituto otra vez, y mucho menos volver a tener al señor Greene encima de mí. Era lo que me faltaba – suspiré.
- Sí, la verdad es que aquí las noticias vuelan – se rió ella -. Pero si le dijeras a Matt que te vas a casar…
- Si le dijera a Matt que me voy a casar, sería como clamarlo a voces desde el megáfono – la interrumpí.
- Tienes razón – Brenda volvió a reírse.
- Si te digo la verdad, me muero por gritarlo a los cuatro vientos – confesé -. Pero tienes que entender que, para los demás, sólo tengo dieciocho años, y esto del matrimonio se vería muy raro. Nadie de aquí, excepto tú, sabe que ya tengo más de veinte, aunque los aparente de sobra.
- Sí, bueno, tienes razón – repitió, asintiendo -. Se armaría un revuelo bastante gordo de rumores sobre el tema. No te dejarían en paz. Ya llama bastante la atención vuestro especial apego.
- Por eso voy a esperar a finales de curso – revelé -. Entonces, lo diré, lo gritaré y le quitaré el micrófono al señor Greene para anunciarlo por el megáfono.

Nos reímos y abrimos la puerta de la cafetería.

- Mira, ya están ahí las gemelas – señaló.

Las mencionadas ya estaban sentadas en la mesa, con sus bandejas llenas de comida. Hicimos lo propio con las nuestras y nos sentamos a la mesa con ellas.

- ¿Cómo es que habéis tardado tanto? – quiso saber Jennifer.
- El pesado de Matt Hoffman ha vuelto a invitar a Nessie a una de sus fiestas – reveló Brenda.
- ¿Otra vez? – se rió Alison.
- Yo creo que ese chico hace fiestas sólo para que vayas tú – siguió Jennifer.
- Pues ya puede esperar – afirmé, metiéndome una patata en la boca -. Por cierto, ¿sabéis algo de Helen? – pregunté para cambiar de tema, aunque también porque estaba preocupada por ella.
- Ayer por la noche llamé a su casa, pero se puso el borracho de su padre, que no sabía siquiera si ella estaba por allí o no – comentó Jennifer, chistando con desaprobación.
- Sí, y luego yo la llamé a su móvil, pero lo tenía apagado – continuó Alison.
- Qué raro. ¿Qué le habrá pasado? – inquirí, cogiendo mi vaso de agua para beber.
- A lo mejor le ha dado una de esas fiebres alérgicas que te dan a ti en primavera – aventuró Alison.

El último trago se me atragantó, por no escupirlo, y empecé a toser.

- No creo… - masculló Brenda, mirando hacia otro lado mientras una ligera curva elevaba sus labios.

Le dediqué una mueca de odio.

- Todavía no es primavera, tonta – le corrigió Jennifer a su hermana.
- Bueno, pero queda poco – alegó Alison.
- Pero, si estamos a veintiocho de enero – volvió a rebatirle su hermana, extrañada, a modo de recordatorio.
- Sí, pero estos próximos meses dicen que van a ser muy calurosos y que la primavera se va a adelantar. Además, a lo mejor es otra clase de alergia, ¿no?

Carraspeé.

- Llamaré a Helen esta noche, a ver si sé algo – declaré para centrar el tema de nuevo, cogiendo mi vaso de agua.
- Sí, prueba tú y ya nos dices – dijo Alison.
- Os llamaré esta noche, no os preocupéis.
- ¿Me puedes pasar el ketchup? – le pidió Jennifer a Brenda.
- Claro.

En un santiamén, el ambiente cambió totalmente. La mesa se llenó de comentarios, cotilleos y quejas de profesores y exámenes que hicieron que la hora del almuerzo pasara volando.

Este año no coincidía con Helen en todas las asignaturas, sin embargo, tuve la suerte de que en las clases en las que no estaba ella, sí estaba Brenda, por lo que en esas asignaturas me sentaba con esta última.

El resto de clases pasaron tan lentas como siempre. Como siempre me parecían a mí, claro, porque mientras tomaba apuntes, a la vez no podía dejar de pensar en Jake, en verle ya, en abrazarle, en besarle, y otras cosas más que tenía pensado hacerle en casa…

La lección de la señora Smith se vio interrumpida, al fin, por ese estridente pero tan deseado sonido del timbre. En cuanto el riiiiiiiiing sonó, todos los alumnos comenzamos a recoger para evacuar el aula a toda prisa. Se notaba que era viernes.

Me dio un alegrón enorme cuando miré por la ventana y vi que ya no llovía. Las perspectivas para esta tarde volvían a brillar como el halo de sol que consiguió colarse por un claro de las ya no tan densas y grises nubes.

El maravilloso efluvio de mi chico ya hacía presencia en el aula, eso hizo que las mariposas de mi estómago empezaran a agitarse, ansiosas.

Brenda y yo terminamos de recoger y salimos de la clase, yo con precipitación. Jacob estaba apoyado en la pared, con las manos en los bolsillos de su pantalón corto de color beige, justo frente a la puerta, esperándome. Desde que los Vulturis me habían secuestrado, ahora me esperaba en la misma puerta de clase, bueno, cuando conseguía esquivar al señor Greene. Llevaba esa camiseta marrón que le había comprado ayer. Dios, qué bien le quedaba.

En cuanto me vio, me mostró su amplia y deslumbrante sonrisa, y yo me pegué a él ipso facto, casi no le dio tiempo ni a sacar las manos de los bolsillos.

- Hola, preciosa – murmuró, ya acercando su rostro al mío mientras sus palmas rodeaban mi cintura.
- Hola – sonreí en su boca.

Las mariposas dominaron mi cuerpo por completo cuando empezamos a besarnos con esa efusividad con la que nos cogíamos siempre que estábamos tantas horas separados. Ni siquiera reparé en el bullicio de los demás estudiantes, y mucho menos en sus miradas.

- Bueno, yo ya os veo fuera – me pareció que decía Brenda.

Para mi desgracia, no me quedó más remedio que despegar mis labios de los suyos.

- Nosotros también deberíamos salir de aquí antes de que nos vea el señor Greene – cuchicheé, frotando el lateral de su nariz con la mía.

Demasiado tarde.

- Señor Black – interrumpió de repente el señor Greene, matizando ese apellido que ya le resultaba demasiado familiar con mal humor. Jake y yo nos separamos -. ¿No le dije mil veces que si volvía a entrar en mi escuela, llamaría a la policía? Está incurriendo en un delito de allanamiento continuamente y ya me estoy cansando.
- Sólo venía a buscar a mi chica, señor Greene – intervino Jake en su defensa con una sonrisa de fingida inocencia, agarrando mi mano.
- Puede esperarle fuera, no tiene por qué entrar en el edificio – entonces, sus cejas bajaron tanto, que sus ojos quedaron hundidos en una profunda sombra -. La próxima vez, llamaré a la policía. ¿Me ha entendido?
- Sí, señor – contestó Jake, haciendo el saludo militar con otra sonrisa.

El señor Greene resolló por la nariz, y apretó tanto los labios, que se convirtieron en una sola línea fruncida. Tiré de mi novio para iniciar la huída y avanzamos por el pasillo, dejando al director refunfuñando a nuestras espaldas.

- Creo que en el fondo le caigo bien a ese tipo – dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
- Sí, pues será muy, muy en el fondo – suspiré.
- Que sí, te lo digo yo. Lleva cuatro meses y medio diciéndome que va a llamar a la policía y todavía no lo ha hecho, por algo será, ¿no?
- Puede que sea porque ya sabe que conoces al jefe de policía Swan, ¿no crees? – insinué con sarcasmo.
- Que no, que no, te digo que le caigo bien – insistió.
- Si tú lo dices… - acepté, riéndome.

Continuamos por el pasillo hasta que salimos al exterior. La alegría volvió a hacer acto de presencia en mí, parecía que el sol se estaba haciendo un hueco más grande.

- Por fin puedes enseñarme a montar en moto, hoy no llueve –dije con alegría mientras nos acercábamos a las gemelas, a Seth y Brenda, que estaban junto a nuestro Golf y al Volvo azul metalizado.
- Tienes ganas, ¿eh? – se rió.
- Pues sí – asentí.
- No te preocupes, en cuanto lleguemos a casa, sacamos las motos del garaje y nos vamos por ahí a practicar.

Mi sonrisa se amplió.

- ¿Cómo va eso, Nessie? – me saludó Seth, sonriéndome, cuando llegamos a su lado.
- Hola, Seth – correspondí con otra sonrisa.
- Qué, ¿ya te ha pillado el director otra vez? – se rió, dirigiéndose a Jake.
- Creo que está empezando a cogerme cariño y todo – respondió mi chico con un toque de ironía.
- Bueno, nosotros nos vamos ya – anuncié, tirando de Jake.
- ¿Ya? – preguntó el otro quileute, extrañado.
- Sí, Jake me va a enseñar a montar en moto.
- ¿Y a dónde vais a ir? Esto no me lo pierdo por nada del mundo – se burló.

Le dediqué un mohín e ignoré esa tomadura de pelo tan típica del cromosoma Y.

- Vamos, que luego anochece y ya no nos da tiempo a nada – azucé a Jacob, haciéndole caminar detrás de mí hacia el coche.
- Sí. Bueno, tíos, nos vemos – se despidió, abriendo la puerta mientras yo ya corría hacia la mía.

Subimos al Golf, arrancó y me despedí de ellos con la mano a la vez que salíamos del aparcamiento.

El trayecto hacia La Push estuvo amenizado todo el tiempo por las anécdotas de Jake, así que me distrajo tanto, que cuando me di cuenta, ya estábamos aparcando junto al garaje de casa.

Nos apeamos del coche y llegamos al garaje entre bromas.

- ¡La has lavado y todo! – exclamé al ver la moto roja, reluciente.
- Claro, te dije que te la iba a dejar como nueva, ¿recuerdas?

El ciclomotor en cuestión era el que mi madre utilizaba para montar junto a Jacob hace años. Yo preferí llamarla para pedirle un cierto permiso y asegurarme de que no le molestaba; no era por nada, pero eso de montar en moto era algo que siempre había sido algo especial entre Jake y ella, y yo no quería entrometerme. Nada más lejos de la realidad. Mamá me la regaló sin pensárselo dos veces – aunque admitió que en realidad ya no la quería para nada y que hacía mucho tiempo que se la había dado a Jacob – y se quedó encantada de que yo la aprovechara y le diera uso, si bien añadió que con cuidado.

Como hacía siete años que no se había movido del sitio, Jake tuvo que meterle mano para ponerla apunto otra vez. Lo que no me esperaba es que también la iba a lavar. Ahora, sin una mota de polvo que la cubriera, parecía nueva.

- Qué guay – sonreí.
- Bueno, qué, ¿vamos? – propuso con su moto ya agarrada, preparada para sacarla fuera.
- Sí.

Cogí la mía del manillar y salimos del garaje. Caminamos por delante de nuestra casa, pasamos los árboles que bordeaban el claro del jardín y nos internamos en el bosque. Las condujimos por una senda estrecha, en la que tuvimos que ir en fila, durante unos cinco minutos y al final volvimos a salir del bosque para encontrarnos una carretera estrecha y sin asfaltar, delimitada por un reguero de árboles.

- Bien, ya hemos llegado – anunció, dejando su ciclomotor apoyado sobre la pata metálica del mismo.

Se acercó a mí, me quitó la moto, se sentó sobre ella, desplazándose a la parte trasera del asiento y sujetando el ciclomotor entre sus piernas, y dio unos golpecitos encima con una enorme sonrisa para que yo me pusiera delante de él.

Le hice caso y me senté en el hueco que quedaba delante. Jacob se arrimó a mí, apartó mi pelo hacia el otro lado de mi cuello, lo cual me puso todo el vello de punta, y cogió mis manos a modo de marioneta para llevarlas al manillar.

- Bueno, ahora atenta – eso era difícil, teniéndole tan pegado a mí y notando su aliento abrasador en mi oreja -. Acelerador y freno – hizo que mi mano derecha girase el manillar primero y que apretara la palanca hacia dentro después -. Y esto es el embrague – murmuró en mi oído, apretando mis dedos sobre la palanca izquierda.

Volví a estremecerme. Solté nuestras manos del manillar para ponerme más derecha, obligado a Jake a hacer lo mismo, y me giré levemente hacia él. Su boca quedó a un par de centímetros de la mía.

- ¿Estás flirteando conmigo o me estás enseñando? – bisbiseé con una sonrisa.
- Se pueden hacer las dos cosas a la vez, ¿no? – alegó con otra, aunque la suya pícara, mientras sus manos rodeaban mi estómago.
- Tú lo haces muy bien, desde luego – le reconocí.

Uní mis labios a los suyos y nos besamos durante un rato. Antes de que las mariposas y la energía subieran más de intensidad y pasaran al siguiente nivel, ese en el que ya no podría parar, terminé el beso. Más que nada porque también me interesaba aprender a montar en moto y llevaba toda la semana esperando a un día que no lloviera.

Tomé aire para recuperar el aliento y me volví hacia delante otra vez. Jacob se arrimó a mí de nuevo, tanto, que su cálida mejilla estaba pegada a mi sien.

- Bueno. Acelerador, embrague, freno, y ¿qué más? – quise saber, repitiendo las acciones que él me había mostrado antes.
- La palanca de tu pie izquierdo es la palanca de cambios.
- Ajá – asentí, empujándola.
- La palanca que está detrás de tu pie derecho es el otro freno, aunque de ese olvídate por el momento. Primero usaremos el freno del manillar, ¿de acuerdo?
- Vale – acepté, si bien repetí la acción anterior con el talón derecho para probar.
- Y aquí está el pedal de arranque – me mostró, dándole unos toquecitos con su pierna.
- De acuerdo.
- Vale, aprieta el embrague y, sin soltarlo, arranca la moto. Cuando arranque, sigue sin soltar el embrague.

Pisé el pedal de arranque con potencia y el tubo de escape comenzó a rugir, haciendo que la moto vibrara con ganas.

- Guau, a la primera – alabó él -. A tu madre le costó varios intentos – se acordó.
- Porque en aquel entonces era humana, en cambio yo, bueno, soy más humana, pero también tengo algo de vampiro, ¿recuerdas? Tengo la suficiente fuerza para accionar el pedal de arranque sin problemas.
- También ayuda el que yo te esté sujetando la moto – añadió.
- Bueno, ya, puede que también sea eso – acepté con una risilla -. En fin, ¿y ahora qué hago?
- Primero lo haremos juntos, ¿vale? La llevarás tú, pero yo iré contigo para controlar.
- ¿Por qué? – protesté, girándome otra vez para verle el rostro.

En ese momento, solté el embrague bruscamente sin darme cuenta y el ciclomotor embistió hacia delante como un toro salvaje. No nos caímos al suelo porque Jacob consiguió guardar el equilibrio de la moto con sus pies mientras la dominaba agarrando la manilla con una mano y me sujetaba a mí por la cintura con la otra para que no saliera despedida de morros. El silencio que quedó acto seguido cuando el motor se caló y se paró fue tan súbito y contundente, que me dio hasta un poco de vergüenza.

- Oh – exclamé, observando el manillar.
- ¿Ves? Igualita que tu madre – alegó con una sonrisita, dándome un toque en la punta de la nariz con su dedo -. Ya tuve una mala experiencia con ella, no quiero que se repita la historia. Practicaremos algunas maniobras juntos y después ya probarás tú sola.

Para mi desgracia, no me quedó otra que aceptar que él tenía razón.

- Sí, vale, está bien – acepté con un suspiro -. Bueno, dime, ¿qué tengo que hacer?
- Vuelve a arrancarla como te dije antes, y no sueltes el embrague – insistió.

Así lo hice.

- Ahora, sin soltar el embrague – volvió a reiterar -, gira el acelerador un poco – comenzó a explicarme, a la vez que envolvía mis manos de nuevo para que realizaran las acciones. La moto comenzó a atronar con más ímpetu cuando lo hicimos -, y después, mete la primera marcha. Esto hazlo tú, y no sueltes la palanca del embrague hasta que yo te lo diga - soltó mis manos para dejarme a mí sola y las dejó sobre mis muslos.
- Vale – asentí con confianza.

Metí primera con la palanca de mi pie izquierdo y dejé mis dedos inmóviles, apretando el embrague.

- Y ahora, escucha bien. Tienes que soltar el embrague muy suavemente, si no, la moto saldrá disparada hacia delante y nos podemos caer. Verás, ahora mismo tienes una granada entre las piernas, ¿vale? Esto es como si le quitases la hebilla y te quedases con el detonador en la mano.

No sé por qué eso me sonaba de algo.

- ¿Eso es lo que le dijiste a mamá? – me burlé, imaginándome la escena en la cabeza -. Dios Santo, no me extraña que se asustara la pobre.
- Fue lo único que se me ocurrió decirle – se defendió él, riéndose -. Es que tu madre…, bueno, verás, en aquel entonces era un poquito torpe, ¿sabes? Y tenía que advertirle para que fuera más precavida de lo normal.

La verdad es que se me hacía muy raro relacionar a mi madre con un ser torpe, ya que siempre la había visto moverse con esa gracilidad, elegancia y soltura, pero, claro, yo no la había conocido cuando era humana.

- Ignoraré ese comentario sobre mi madre, porque ahora mismo lo único que me apetece es soltar el embrague de repente para te caigas de la moto – le advertí en broma; él se rió -. Además, si lo que estás haciendo es llamarme torpe, te equivocas. Te voy a demostrar cómo conduce un semivampiro, aunque sea más humana – no pude evitar que me saliese un aire un tanto presuntuoso en la voz.
- Pues, hala, dale caña – azuzó para picarme.
- Sí – sonreí.

Levanté los dedos poco a poco de la palanca y solté el embrague lentamente. La moto vaciló un poco al iniciar la marcha, pues Jacob dejó de sujetarla con sus piernas y ahora era el vehículo quién nos sostenía a nosotros, sin embargo, enseguida la controlé sin problemas y en un segundo estábamos corriendo por ese asfalto de tierra mezclada con arena gris, lleno de baches encharcados.

- ¡Qué guay! – exclamé, riéndome.

No es que estuviera emocionada por la velocidad, la verdad es que, después de montar sobre Jacob y volar por el bosque, esto era un simple paseíllo, sin embargo, extrañamente, el hecho de llevar una moto me encantaba.

Quería que aumentara el aire que azotaba mi cara y mi pelo. Volví a apretar el embrague y empujé la palanca de cambios con el pie para meter segunda, a la vez que aceleraba un poco. Mi mano zurda soltó la palanca con demasiada precipitación y la moto se disparó hacia delante.

- Ve poco a poco, Nessie – me advirtió Jake, que continuaba bien pegado a mí con las manos en mis piernas, preparadas por si tenían que entrar en acción -. No aceleres más.
- Pero, ¿a que lo hago bien?
- Sí, la verdad es que sí – reconoció, riéndose -. Ay, pero ten cuidado con ese…

La moto rebotó cuando las ruedas atravesaron uno de los baches encharcados, haciéndonos pegar un pequeño salto en el asiento. El agua turbia y medio embarrada del pozo se desbordó a nuestro paso y nos salpicó todas las piernas.

- … charco – concluyó.
- Vaya, nos hemos puesto perdidos – lamenté.
- Bueno, esto va a la lavadora. Tú preocúpate de mirar por donde vas, ¿vale? – bromeó.
- Jake, una curva – le avisé.

Sus manos volvieron a ponerse sobre las mías para tomar el mando, obligándome a frenar un poco con la palanca, y movimos el manillar con suavidad, recorriendo la curva despacio y fácilmente.

- ¿Ves lo que hago? – me indicó mientras girábamos, murmurándome al oído; otra vez mi vello reaccionó a ese tórrido roce -. Freno suavemente y llevo el peso del cuerpo hacia el otro lado. Si fuera en tercera, tendría que reducir, pero como vamos en segunda, con frenar un poco, vale.
- Déjame hacerlo a mí – le pedí, entusiasmada.

Jacob se rió.

- Espera, vamos a dar la vuelta. Frena con suavidad y reduce a primera.

Frené, hundí el embrague con los dedos y reduje a primera, pero solté el embrague y la moto cabeceó bruscamente cuando entró la marcha. Por suerte, Jacob la controló sin problemas, me hizo girar el manillar, apoyando el pie en el suelo para guardar el equilibrio, y dimos la vuelta.

- Recuerda, al reducir tienes que soltar el embrague muy suavemente, ¿de acuerdo? – me aconsejó, dejando el manillar en mis manos.
- Vale, soltar el embrague más despacio – me dije a mí misma.
- Mete segunda.

Obedecí. Esta vez, aflojé los dedos de la palanca izquierda con más suavidad y la moto fue como la seda cuando la marcha entró.

- Ya está – sonreí con satisfacción.
- La curva – me anunció.
- Vale, frenar un poco, girar el manillar y llevar el peso al lado contrario – me ordené otra vez para mí mientras iba realizando las acciones.

La moto roja dibujó la curva sin percances. Seguimos recto y esquivé el charco que antes nos había salpicado enteros.

- Oye, lo haces muy bien – alabó Jake con alegría.
- ¡Es que esto me encanta! – reí con emoción.

Mi risa fue acompasada por la suya.

- Mira, ahí está mi moto – me indicó -. Vamos a parar y así pruebas tú sola, ¿qué te parece?
- Genial – volví a reír.

Avanzamos los pocos metros que quedaban para llegar al punto de partida.

- Vete frenando poco a poco sin soltar el embrague – me aleccionó -, y cuando la moto pare del todo, apóyate sobre el pie.
- Sí.

Seguí sus instrucciones al dedillo y detuve el ciclomotor, aguantando el peso del mismo y el nuestro propio con el pie, que hacía las veces de pata de apoyo, aunque Jacob también me ayudó con el suyo.

Me giré hacia él para mirarle y nuestros rostros se quedaron a un palmo.

- No ha estado mal, ¿eh? – murmuró con su sonrisa torcida.
- Ha estado muy bien – sonreí.

Y nos dimos una serie de besos cortos.

Jake separó su rostro del mío y tomó una buena bocanada de aire para centrarse. Yo tuve que hacer lo mismo.

- Bueno, pues ahora prueba tú solita – me exhortó después mientras se bajaba del ciclomotor -. Yo te acompañaré en mi moto, por si acaso.
- Vale.

Esperé hasta que él se subió a su moto y la puso en marcha, para arrancar la mía. Jacob dio un giro abierto para dar la vuelta y se colocó justo a mi lado.


Última edición por JACOB&NESSIE el Sáb Oct 01, 2011 4:35 pm, editado 3 veces
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Crisair
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Abr 02, 2011 2:54 pm

Hola chicas!! que tal estais? sabeis la nueva noticia? me he quedado si aliento cuando la he leido!! y es que dice SM que seguira la historia de Jacob y Nessie!! Very Happy

Aqui teneis a noticia: viernes 1 de abril de 2011Taylor Lautner protagonizaría la nueva Pelicula de de creadora de Crepúsculo Stephenie Meyer, ha afirmado que prepara una segunda parte de la saga pero esta vez los protagonistas no serán ni Edward ni Bella, sino Jacob y Renesmee. la autora del los libros vampíricos ha afirmado que no existe nada más que contar sobre la pareja a la que le dan vida Robert Pattinson y Kristen Stewart y que su historia termina en "Amanecer". Los personajes principales de la próxima trama serán Jacob Black, el hombre lobo, y Renesmee Cullen, una vampiro. Aunque Meyer ha dado a conocer la noticia, debemos esperar unos cuatro o cinco años más para leer las nuevas historias.

Y por cierto este 15 de abril se estrena en el cine la pelicula "caperucita roja" también escrita por SM por si quereis ir a verla!!

Besoss cheers
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Cristina Almeida
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Abr 02, 2011 3:30 pm

Chica, mucho me alegro en saberlo! Es decir, vamos esperar unos cuantos cinco años para leerlo y despues dos para la pelicula???? esto claro, si hubo una película... Entonces aún no se ocurre, vamos leer Nueva Era... Besos
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Abr 02, 2011 5:14 pm

¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!!!!!! ¡¡¡ME MUERO DE LA EMOCION!!!
¡¡Que ganas tenia de escuchar eso!! XººD

De donde has sacado esa noticia? Bueno Renesmee no es un vampiro, es medio vampiro, mitad humana, solo por puntualizar, porque este dato es importante Wink

Pero sera solo una pelicula o habra tambien libro???? Y sera una, dos, una saga??? ¡¡Me muero por ver a Jacob en accion!! ¡¡A mi Taylor!! Twisted Evil
Si es que al final el verdadero protagonista de la saga es JACOB BLACK!!! ¡Es el mejor! ¡Es el personaje mas interesante de todos los libros, no me extraña que SM quiera aprovecharlo! Y claro, la pareja Bella - Edward ya esta mas que quemada, y de esos dos sosos no creo que pueda exprimir nada mas, hasta SM se ha dado cuenta Twisted Evil

Lo malo es que hay que esperar mucho, 4 o 5 años!!! affraid Espero que al final, la meyer haga que Jacob y Nessie terminan juntos, porque como haga que Nessie tb lo rechaza, me muero!!
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Abr 02, 2011 6:10 pm

Se supone que SM tiene que escribir los libros o el libro antes de llevarse a la gran pantalla, por eso lo de esperar.
La noticia ya te dije donde las miro en la página www.wikio.es y en el buscador pones el nombre de Taylor Lautner y aparecen todas las noticias relacionadas con él!! miralo ya veras!!
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Abr 02, 2011 6:17 pm


Aqui está mejor explicada la noticia:

La autora Stpephenie Meyer, responsable de la saga "Crepúsculo", anunció que tiene previsto generar nuevas sagas a raíz de su taquillera historia de vampiros y hombres lobo. Concretamente una especie de spin off acerca de varios personajes como Jacob Black (interpretado por Taylor Lautner). Se une así a otro que lleva ya dando vueltas y que posiblemente vea la luz en cines, La segunda vida de Bree Tanner.

Sin dejarnos atrás otra novela de Stephenie Meyer. Hablamos de "El Huésped", que también verá la luz en cines en los próximos años.

La saga Crepúsculo está actualmente en fase de rodaje de "Amanecer" y "Amanecer 2", sus dos últimas películas. Stephenie Meyer quiso dejar claro que dicha tetralogía literaria no continuará. Y que lo próximo en llegar al respecto serán líneas argumentales surgidas de sus personajes secundarios (por tanto sin Bella o Edward, o lo que es lo mismo, sin Kristen Stewart o Robert Patinson).

Aún sin fecha para esas nuevas novelas, "Amanecer" y "Amanecer 2" se estrenarán en cines el próximo mes de noviembre del año en curso y el de 2012 respectivamente.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Lun Abr 04, 2011 3:55 pm

¡HOLA!

Aqui dejo el segundo capi de Nueva Era, el siguiente sera el miercoles Wink

¡Que ganas tengo de que SM haga ese libro de Jacob y Nessie! alien alien Muchas gracias por la noticia, Crisair alien

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SAGRADOS

- ¿Hacemos una carrera? – le propuse con una sonrisita maléfica.
- Ni hablar. Todavía estás muy verde.

Hice girar el manillar del acelerador para que la moto rugiera un poco.

- ¿Estás seguro? ¿No será que tienes miedo? – le pinché.

Jacob sonrió con esa sonrisa torcida suya que me volvía loca.

- Ni hablar, repito.

Vaya, no había entrado al trapo.

- No te estarás volviendo un blandengue de esos responsables que no dejan hacer nada, ¿no? – aguijoneé.

Ahora lo que salió por su boca fue una risita.

- No sigas. La respuesta sigue siendo no.
- Qué aburrido – resoplé.
- ¿Es que quieres cascarte la cabeza? – rió -. Te recuerdo que no te has traído el casco, y sin casco, no hay carrera que valga. Cuando tengas más experiencia, haremos todas las carreras que quieras, te lo prometo, y te ganaré en todas, por supuesto, pero ahora mismo estás muy verde, podrías caerte y hacerte mucho daño.
- Ja, ja – articulé con ironía para reírle el chiste malo de que me ganaría en todas -. Está bien – suspiré -, daremos paseíllos tranquilos.
- Eso, eso, tranquilos – me picó.

Le miré entrecerrando los ojos simulando odio y él se rió más.

- Bueno, venga, dale caña al tema – me instó -. Pero sin pasar de segunda, ¿vale?
- Vaaaaale.
- Y recuerda, suelta el embrague…

Antes de que le diera tiempo a decir suavemente, mi moto ya estaba volando por esa carretera llena de baches encharcados, bueno, volando era un decir, porque a mí me parecía que iba muy lenta. Metí segunda y aceleré un poco más.

Jacob no tardó nada en alcanzarme. En un abrir y cerrar de ojos, ya lo tenía justo a mi lado.

Nos miramos y nos sonreímos.

- Despacio, Nessie, despacio – me avisó, no obstante.
- Voy en segunda, papá – dije para que viera que obedecía y que era una niña buena.

Se rió y seguimos avanzando, esquivando los pocillos que se presentaban a nuestro paso mientras los árboles que circunscribían la carretera venían primero y desaparecían después a nuestras espaldas con rapidez.

Miré a Jake con un poco de desafío y aceleré otro poco, dejándole tras de mí.

- No te confíes – escuché que me advertía.

Pero no le hice caso, continué corriendo delante de él, riéndome con malicia por ir ganando, aunque sabía que sería por poco tiempo, ya que yo todavía era una novata en esto, y, bueno, como no podía pasar de segunda…

Frené un poco y tomé la curva que venía, cambiando el peso de lado, como me había enseñado Jake.

De pronto, nada más salir de la curva, me topé con el cadáver de un animal a unos pocos metros, prácticamente lo tenía encima. Me asusté. Apreté los dedos en el freno con tanta fuerza y con tanta brusquedad, que la moto se clavó en el suelo repentinamente, embistiéndome hacia delante.

- ¡Nessie! – gritó Jacob detrás de mí.

Salí volando de cabeza y la moto se cayó de lado, derrapando y bufando con enfado hasta que el motor se caló.

Mis buenos reflejos de medio vampiro hicieron que mis manos y mis brazos amortiguaran mi caída y no me golpeé en la cabeza, aunque mi codo izquierdo se llevó la peor parte.

- ¡Nessie! – volvió a gritar Jake, ya bajándose de su moto apresuradamente.

Sin embargo, no fue la caída lo que me conmocionó. Cuando alcé la vista, me di cuenta de que tenía al animal muerto delante de mis narices, y ese animal era un lobo. Me incorporé, asustada, y me alejé del cadáver arrastrándome hacia atrás, quedándome sentada frente a él.

- ¡Nessie, ¿estás bien?!

Jake se arrodilló a mi lado con precipitación y comenzó a examinar mi rostro y mi cabeza.

- E-estoy bien – tartamudeé, todavía con la mirada fija en el lobo.
- ¿Seguro? – inquirió, mirándome bien entre el pelo.
- Sí, me he hecho un poco de daño en el codo, pero ni siquiera tengo una rozadura.
- Menos mal – suspiró con alivio. Entonces, comenzó a regañarme -. ¿Lo ves? Igualita a tu madre. Te dije que estabas muy verde y que fueses despacio, pero nada, tú a correr. Si me hubieras hecho caso…

Mi novio se percató de la fijación de mis ojos y del olor a sangre que invadía el ambiente, y se giró para mirar. Su semblante también se puso pálido cuando vio al cánido desangrado en medio de un charco; el agua turbia del mismo era de color carmesí debido al plasma que la teñía. El pelaje pardo que vestía al lobo todavía no había dejado el invierno. La horrible cara de sufrimiento del animal se me clavó en el alma.

Jacob se quedó inmóvil, observando al lobo con una mezcla de horror y rabia en sus ojos negros. Los lobos eran sagrados en su tribu, estaba prohibido matarlos, pero para los metamorfos eso llegaba más allá, debido al vínculo que los unía con ellos. Las leyendas decían que los quileute descendían de los lobos, y en cierto modo era verdad.

Cogí su mano y entrelacé sus dedos con los míos, apretándolos. Fue lo único que se me ocurrió hacer para aligerar su pena. Él volvió a apretarlos más.

El olor de la sangre del lobo no fue lo único que mi agudo olfato percibió. Mezclado con éste, también se distinguía el efluvio de un vampiro, y era reciente. Jake se dio cuenta de esto a la vez que yo.

- Esto es obra de un chupasangres – murmuró, aún pálido.
- Lo sé, yo también huelo el efluvio del vampiro. A lo mejor también era vegetariano y estaba alimentándose – conjeturé.
- No, esto no ha sido para beber su sangre – afirmó con convicción y rabia -. Le ha arrancado la pata derecha.
- Oh – murmuré con espanto cuando me fijé.

Con espanto, con verdadero espanto, porque la horrible expresión de dolor del lobo me indicaba que se la había extirpado en vida. Esa expresión me heló el alma, no pude evitar relacionarlo con mis hermanos los metamorfos, lo único que los diferenciaba así a primera vista era el tamaño. A Jacob le rechinaron los dientes.

- No sé por qué lo habrá hecho, pero esto no me gusta ni un pelo.

Se giró hacia mí y me ayudó a ponerme en pie.

- Es horrible – musité al hilo de mis pensamientos.
- Voy a transformarme, tengo que avisar a la manada de que hay un vampiro suelto por aquí – dijo, ya quitándose la camiseta -. Con suerte, le pillaremos y le daremos su merecido.

Se escondió tras los árboles que limitaban con la carretera, ya que cabía la posibilidad de que apareciese alguien por ahí. Al cabo de un minuto, regresó como humano mientras se iba cubriendo el torso de nuevo.

- Ya está. Leah ha organizado una patrulla para rastrearlo y ya están de camino. Esperemos que ese chupasangres no sea muy hábil y no pueda ocultar su rastro.

Llegó a mi lado y cogió mi mano. Se quedó quieto, observando al lobo fijamente, como antes. Su expresión no me engañaba. No me hacía falta preguntarle para saber lo que estaba pasando por su mente y su corazón en estos momentos, porque yo sentía exactamente lo mismo. Nuestra conexión era tan fuerte, que yo misma ya estaba vinculada con los lobos. Su dolor era mi dolor, su rabia era mi rabia.

Me puse frente a él y le abracé con fuerza para consolarle, apoyando mi mejilla en su pecho. Jacob me rodeó con sus brazos, hundió su rostro en mi pelo para olerlo y apretó su abrazo.

Nos quedamos así un buen rato, sin decirnos nada; no hacía falta. Ese silencio, amenizado con los sonidos del bosque y con los latidos que retumbaban en nuestros pechos, ya lo decía todo.

Entonces, Jake giró el rostro al lado contrario al que lo tenía yo y se envaró levemente. Eso hizo que despegara mi mejilla de su pecho y mi cara se volviese en su dirección, extrañada.

Un grupo de cuatro lobos salió de la espesura del bosque que flanqueaba la carretera sin asfaltar en la que nos encontrábamos. Era la manada del lobo muerto, que debían de estar buscando a su compañero. Mi boca dejó escapar un silencioso jadeo del asombro.

- No te muevas – me susurró Jacob con una voz extremadamente baja mientras se despegaba de mí y se ponía delante para protegerme.

Era una tontería, pues estaba acostumbrada a lobos gigantes, y no tenía miedo, pero sí respeto, porque los lobos que yo conocía eran seres racionales, humanos, y estos no dejaban de ser animales salvajes que podían reaccionar de cualquier forma. Sabía que Jacob y yo no tendríamos ningún problema en defendernos de un posible ataque, al fin y al cabo, solamente eran cuatro lobos, y sus colmillos poco podrían hacerle a un lobo gigante que se curaba con extremada rapidez y a la piel de un semivampiro, pero también sabía que Jake jamás les haría daño, bueno, a no ser que ellos me hicieran daño a mí, con lo cual… Ay, Dios mío, ¿por qué tenía que pensar en tantas cosas en momentos así?

Sin embargo, para mi asombro, no mostraron ni un ápice de agresividad. En vez de eso, se acercaron lentamente, con precaución, emitiendo unos suaves gimoteos mientras lamían sus hocicos y pegaban las orejas a sus cabezas, medio arrastrándose y escondiendo la cola entre las patas en señal de sumisión hacia Jake. La boca se me quedó colgando. Jacob ni siquiera se había transformado, y le bastó una sola mirada para que los cánidos entendieran que este era su territorio y que él era el Alfa de los Alfas, incluidos ellos. No pude evitar sentir esa fascinación que ya sentía por él de nuevo.

Los lobos, también de colores pardos, se arrastraron de este modo y llegaron a su compañero muerto. Lo olisquearon durante un rato, gimoteando, y después se fueron retirando poco a poco para volver al bosque. Uno de los cánidos se paró en la linde de los árboles y giró la cabeza para dedicarle una mirada al Gran Lobo. Se volvió hacia delante y se perdió con el resto de miembros de su manada.

Jake se volvió hacia mí enseguida, no esperó ni a que los lobos se alejaran más.

- ¿Y si vuelven? – inquirí.
- No volverán. Solamente han venido a buscar a su compañero, han ratificado que está muerto y se han ido.
- Ah.
- Voy a enterrarlo – me dijo con un murmullo -. No quiero que sea el menú de ninguna alimaña.

Asentí.

En ese momento, otro grupo de lobos apareció de entre la espesura, sólo que estos eran los enormes metamorfos. Leah, Paul, Quil, Embry, Jared y Rephael se quedaron paralizados cuando vieron al otro cánido tendido sobre aquel charco de agua y sangre. A Paul también le rechinaron los dientes.

- No sé por dónde ha entrado – empezó a informar Jake -. Lo más seguro es que lo hiciera por el territorio de los Cullen. Pillad el olor desde aquí y seguid el rastro. A ver a dónde os lleva y si lo podéis coger. Yo intentaré averiguar algo, ya estaremos en contacto.

Leah asintió y no perdió el tiempo. Olisqueó la zona, seguida por sus hermanos, y comenzaron a rastrear, internándose en el bosque de nuevo con celeridad.

Jacob levantó al lobo, que chorreó la mezcla de sangre y agua, y se dirigió con él hacia los árboles que bordeaban el bosque, dejando un reguero por el camino. Le seguí y, cuando dejó al animal en el suelo, me quité la cazadora y le ayudé a cavar.

Enterramos al lobo, recogimos las motos y nos marchamos de allí algo cabizbajos.

Después de dejar los ciclomotores en el garaje, Jacob y yo entramos en casa.

Nos metimos en la ducha directamente, ya que estábamos llenos de tierra por todas partes. Primero me duché yo, y mientras lo hacía Jacob, me fui a nuestro dormitorio y me puse mi camisón de algodón para estar más cómoda.

Hoy me tocaba a mí hacer la colada, así que entré en el baño de nuevo.

- Vengo a preparar la lavadora – avisé a Jake, que seguía en la ducha, frotándose con la esponja.
- Ah, sí.

Cogí el cesto de la ropa sucia, lo puse junto a la lavadora y separé las prendas de color, metiéndolas directamente en el tambor. Las blancas volví a guardarlas en el cesto. Abrí el armario para coger el detergente y el suavizante, y saqué la cubeta, echando estos productos en sus cámaras correspondientes. Después, la cerré y dejé el programa preparado.

Jacob cerró el grifo a la vez que yo terminaba de hacer todas estas cosas.

- Ya está. Cuando termines de secarte, sólo tienes que ponerla en marcha, ¿vale? – le dije.
- Vale – asintió, abriendo la mampara y cogiendo la toalla.

Me quedé quieta, mirándole como una tonta mientras se secaba un poco su corto pelo azabache y se la enroscaba a la cintura. Daba igual que le viera desnudo todos los días, nunca, jamás me cansaría de mirarle. Al revés, cuanto más le observaba, más me gustaba, porque su cuerpo cada vez me parecía más sublime, más perfecto. Jacob levantó la vista y su labio se curvó cuando vio mi cara embelesada.

Carraspeé para quitarme la tontería de encima.

- Bueno, voy al ordenador – manifesté, ya ruborizada -. Voy a mirar si mamá está conectada o si me ha enviado algún correo.
- De acuerdo. Yo voy ahora, si está conectada, quiero hablar con Carlisle de lo que ha pasado.
- Está bien.

Nos dedicamos una última mirada y me giré para salir del baño.

Seguí por el pasillo y entré en el dormitorio pequeño, ese de forma rectangular que tenía la ventana frente a la puerta, en una de las paredes cortas. En él habíamos puesto el escritorio, el cual ocupaba la pared de la ventana y seguía su camino en ele por la de la derecha, no llegando a recorrerla entera para que cupiera la hoja de la puerta abierta. La cama nido ocupaba el paramento izquierdo, estaba adosada a un pequeño armario de dos puertas y al escritorio, que también hacía las veces de mesita de noche. Sobre el camastro y el escritorio se repartían unas estanterías y una serie de cuadros que Esme nos había regalado y que hacían juego con el color azul que dominaba la decoración del cuarto.

Me acerqué a la ventana y bajé los estores hasta abajo, ya que la noche estaba llegando. Me senté en una de las dos sillas del escritorio y puse el ordenador en marcha. No tardó nada en encenderse, era un ordenador de muy buena calidad, con un porrón de memoria y Giga bites. Yo no tenía ni idea de informática, pero según Em, que era el que nos lo había regalado, con este ordenador se podrían almacenar los datos de la Casa Blanca y el Pentágono juntos. Menudo exagerado.

La computadora paró enseguida de hacer esos ruiditos que hacía al encenderse y las pocas ventanas que salían al inicio se plantaron en un santiamén en la pantalla. Las cerré todas y entré en Internet para abrir mi correo.

Por supuesto, y como siempre, mis padres me habían dejado su e-mail de buenos días que todas las mañanas me enviaban antes de irse a la universidad. Lo abrí y leí:

¡En el coche, de camino al Campus, que llegamos tarde! Encima tu padre no quiere correr.

Y en ese momento papá le debió de quitar el iPhone y escribir mientras conducía.

La culpa es suya, siempre se entretiene con algo.

Mamá lo volvió a coger.

Ni caso. Hoy tenemos un examen importante y estoy nerviosa. Ya te contaremos esta noche.
Un beso, cielo, y dale otro a Jacob de nuestra parte.


Papá debió quitárselo de nuevo.

De la de tu madre, yo a ese lobo me conformo con un abrazo.

Y mamá recuperó su móvil.

Dale un beso de parte de los dos, y cuidaros mucho el uno al otro.
¡Os queremos!


Sonreí. Ya me los imaginaba en el coche, peleándose por quitarse el móvil el uno al otro. Y esta mamá, mira que estar nerviosa por un examen, pero si había sacado todo sobresalientes en el pasado trimestre.

La verdad es que pensaba en ellos todos los días, pero lo cierto es que no me había dado tiempo a echarles de menos, puesto que en estos cuatro meses y medio habían venido a Forks muchas veces.

El día de mi cumpleaños no estábamos aquí, lo que dio lugar a que mi familia no viniera hasta más tarde. Al final, habíamos pospuesto nuestro viaje de luna de miel para después de la boda, ya que queríamos que fuese muy especial. Íbamos a canjear unos vales por otros para no perderlos, pero Carlisle y Esme se empeñaron en regalarnos otros, así que ese maravilloso viaje que habíamos planeado a ese islote cercano a Santa Lucía pudimos atrasarlo y aprovechar los que ya teníamos y que estaban apunto de caducar para visitar Europa.

Hicimos un viaje doble, ya que pasamos la primera semana en París y de allí partimos hacia Roma para pasar la segunda. En la capital francesa aprovechamos para celebrar mi cumpleaños con una velada romántica y apasionada. París es una ciudad que se da a ello, la verdad. También visitamos al famoso Louis y a su esposa, Monique, como agradecimiento por todo lo que nos había ayudado. Nos sorprendió mucho el aspecto del científico. Lejos de lo que nos esperábamos encontrar, Louis era un chico que no llegaría a los veinte años, o, al menos, eso aparentaba. Era un poco más bajo que mi padre, con unos alocados rizos de color castaño claro que se movían a todas partes, y era de compresión más bien delgada, nervuda y fibrosa. Monique mediría lo mismo que mi madre, y su pelo negro lucía corto, con un corte sotisficado y moderno. Ambos tenían los ojos dorados – señal de que no saciaban su sed con humanos – y unos rostros blancos como la cal, casi me parecieron más pálidos que los de mi familia. A Louis le agradó mucho nuestra visita, ya que, después de aprenderse de memoria todas nuestras particularidades genéticas, al fin nos conocía en persona. Fueron muy amables con nosotros y nos enseñaron todos los sitios turísticos y más pintorescos de la ciudad. Nosotros no teníamos dinero para llevarles esa ropa tan cara de la última moda de París a los miembros de mi familia, pero sí que les compramos algunos souvenirs. Yo también aproveché para practicar un poco mi francés. En Roma también lo pasamos muy bien. Lo que más le gustó a Jake fue el Coliseo, cómo no. Le pregunté qué hubiera pasado si los gladiadores hubieran tenido que luchar con enormes lobos como los quileute, eso le hizo mucha gracia y estuvo apunto de bajar a la arena sin que nadie le viera y transformarse para que le sacara una foto. Gracias a Dios, conseguí disuadirle.

Como las dos primeras semanas de septiembre Jake y yo habíamos estado en ese viaje y el día de mi cumpleaños había coincidido estando ahí, mi familia vino unos días después de nuestro regreso para celebrarlo, acto que aprovecharon para organizarme una fiesta en su casa con una enorme tarta y regalos por todas partes. También vinieron el Día de Acción de Gracias y en las Navidades – fechas que mis padres también habían aprovechado para pasarlas en casa de Charlie con nosotros, los Clearwater, Sam, Emily y los niños, como todos los años -, habían alargado su estancia un poco más para quedarse en el cumpleaños de Jake – con su correspondiente fiesta, idéntica a la mía -, y habían vuelto a Forks para vernos hacía un par de semanas. Así que casi no me había dado tiempo ni de echarlos de menos, además, todos los días hablábamos vía Internet.

Cerré la ventana del correo y abrí el Messenger. Mamá estaba conectada, seguramente esperando mi ¡Hola! Eso fue lo que le escribí, y acto seguido encendí la Webcam.

Mamá apareció de la nada cuando encendió la suya.

- Hola, cielo – me saludó, sonriéndome con una amplia sonrisa.
- Hola – y le correspondí la sonrisa con una igual de grande.

Papá apareció como por arte de magia y se sentó a su lado.

- Hola, cariño – saludó él también, sonriendo -. ¿Qué tal os ha ido el día?
- ¿Ya te ha enseñado Jacob a montar en moto? – quiso saber mi madre -. Por cierto, ¿dónde está?
- Está en el baño. Sí, por fin ha podido enseñarme, y se me da bastante bien.
- ¿Lo ves? – le indicó ella a mi padre, como si ya hubieran discutido de eso en alguna ocasión -. No había razón para preocuparse, ella no es como yo cuando era humana. Seguro que se le da tan bien como a Jake – afirmó, volviendo su mirada a mí.

Papá torció el gesto, un poco disconforme.

- Bueno, tan bien como a él no, la verdad – me reí -. Tuve un pequeño percance, pero es que acabo de empezar – revelé primero y después alegué.
- ¿Un pequeño percance? – preguntó papá.
- Sí, cuando salía de una curva, me topé con un lobo muerto y me asusté. Frené en seco y me caí de la moto. Pero no me pasó nada, iba bastante despacio – volví a defenderme sin darle tiempo a que abriera más la boca para regañarme -. Por cierto, ¿está Carlisle por ahí? Jake quiere hablar de eso con él.
- ¿De tu caída? ¿Te has hecho daño? – inquirió mamá, preocupada.
- No, no, ya os he dicho que estoy bien, no me ha pasado nada, ni siquiera tengo un rasguño – les calmé. Ellos respiraron aliviados -. Es sobre el lobo.
- ¿Es que es alguien de la manada? – ahora el tono de mi madre era de alarma.
- No, era un lobo normal – irrumpió Jake, sentándose a mi lado.

Una de las cosas buenas de la Webcam, es que puedes hablar con tus padres como si los tuvieses delante, pero con la ventaja de que tu padre no puede leerte la mente. Así que ya no tenía que molestarme en pensar en otras cosas para tapar y podía concentrarme bien en observar a mi chico y pensar en lo guapísimo y sexy que estaba con esa camiseta interior blanca de tirantes y esos pantalones de pijama largos y sueltos. Podía gritarlo a mis anchas, qué felicidad.

Apoyó los codos en el escritorio para incorporarse un poco hacia la pantalla y yo me acomodé en su espalda. Jacob me cogió la mano que quedó por delante y entrelazó nuestros dedos.

- Hola, Jake – le sonrió mamá.
- Hola, Jacob – saludó mi padre, también sonriendo.
- Hola – contestó él con otra.
- Era un lobo normal – repetí yo para encauzar la conversación -. El problema es que quien le mató fue un vampiro.
- Lo único que sabemos es que entró por vuestro territorio – siguió Jake -. Ya tengo a una patrulla rastreándolo. Me acabo de comunicar con ellos y el rastro les está llevando hacia el este. Pero no sabemos por qué lo ha hecho, ni con qué intención.
- ¿Sólo detectasteis el efluvio de un vampiro? – inquirió papá.
- Sí – afirmé yo.

Se hizo un silencio que duró un par de segundos.

- La probabilidad es mínima, sobretodo si iba en solitario, pero no descartaría que fuera vegetariano y que solamente se estuviese alimentando – conjeturó papá, coincidiendo con lo mismo que había pensado yo al principio.
- No. Ese chupasangres le arrancó una pata de cuajo y dejó que se desangrara en vida – reveló Jacob -. No se bebió ni una gota de su sangre.
- Qué horrible – murmuró mamá, llevándose las manos a la boca -. ¿Y por qué haría algo así?
- No tenemos ni idea, por eso quería hablar con Carlisle. Bueno, vosotros sabéis más sobre comportamientos de vampiros, ¿no?
- Sí, pero coincido contigo en que esto es muy raro – dijo papá -. Nunca había oído de nada parecido.
- Genial, pues estamos buenos – resopló Jake con disgusto.
- Hablaremos con Carlisle, de todos modos – anunció mi progenitor -. Tal vez él sepa algo, ha vivido muchos más siglos que nosotros. Si no, seguro que lo investiga.
- Te lo agradeceríamos mucho – respondió Jake -. Este tema, bueno, es decir, los lobos son sagrados en mi tribu, y esto no podemos consentirlo. Verás, no es que nos preocupe un vampiro más que menos por aquí, pero lo que ha hecho esta sanguijuela, para nosotros los metamorfos, es casi una ofensa personal.
- No te preocupes, esta misma noche se lo contaremos todo a Carlisle.
- Gracias, Edward.

Y papá asintió.

- Bueno, y por lo demás, ¿qué tal todo por ahí? – les pregunté para cambiar un poco de tema a uno más alegre y jovial -. ¿Qué tal ese examen?
- De maravilla – respondió mi madre -. Será otro sobresaliente.
- Bella, la empollona – se burló Jake.

Mamá le dedicó un mohín.

De pronto, el teléfono sonó en su casa.

- Oh, ese debe de ser Charlie – habló papá.
- Id a hablar con él – les exhorté -. Ya nos veremos mañana.
- Vale – aceptó mamá -. Bueno, pues hasta mañana.
- Hasta mañana – se apuntó papá mientras se levantaba para coger el teléfono.
- Hasta mañana – respondimos Jake y yo a la vez.

Mamá se despidió con la mano y apagó la Webcam. Nosotros hicimos lo mismo y salimos del Messenger.

- ¿Vas a mirar algo en Internet? – interrogó Jake.
- No, voy a llamar a Helen. No hemos sabido de ella en toda la semana – suspiré, poniéndome de pie -. Pero puedes quedarte tú, si quieres.
- Nah, no me apetece.

Esperé hasta que apagó el ordenador, salimos de la habitación y bajamos juntos las escaleras. Yo me quedé en el vestíbulo para llamar a mi compañera y él se fue al saloncito a ver la televisión.

Cogí mi móvil del taquillón de la entrada – ahora tenía la manía de dejarlo ahí, junto al teléfono fijo - y marqué el número de Helen, no quería llamarla a casa. Siempre me daba apuro llamarla ahí, ya que su padre era alcohólico y me resultaba bastante incómodo hablar con él; normalmente el señor Spencer no sabía ni dónde estaba su hija. Helen vivía con su padre, que siempre había bebido, sin embargo, desde que su madre había fallecido hacía tres años por un accidente de tráfico, su alcoholismo había ido a más.

El teléfono estaba apagado o fuera de cobertura.

Colgué y exhalé el aire poco a poco. No me quedaba más remedio que llamar a su casa. Descolgué el teléfono fijo y marqué el número, calcando las teclas con rapidez.

El teléfono dio el tono diez veces, y cuando estaba apunto de colgar, alguien lo cogió.

- ¿Quién… es? – preguntó una voz malhumorada y borracha.
- Ah, hola, soy Nessie, la amiga de Helen, ¿está en casa?

El señor Spencer se quedó un rato en silencio, seguramente tratando de recordar si su hija estaba en casa o no.

- Sí – contestó por fin, escuetamente.
- ¿Se puede poner?
- Nno ssse quieeere poooner.

Genial, ahora no la dejaba ponerse.

- Bueno, ¿le puede decir que he llamado, por favor?
- Claaaro.
- Gracias.

Y me colgó.

Fruncí los labios, enfadada, y estampé el teléfono con un golpe seco al colgarlo.

Me dirigí al saloncito, echando pestes y poniendo verde al señor Spencer por el camino, y entonces, cuando entré y vi a Jacob, mis pies y mis cuerdas vocales se pararon en seco.
Nada más pasar el diáfano vestíbulo lo vi al primer golpe de vista, era muy fácil, tal y como habíamos decorado el saloncito.

Habíamos colocado el sofá color crema en la pared izquierda del salón, una de las paredes cortas de la sala rectangular, en ese rincón que todavía era amplio aún estando bajo la escalera y que estaba presidido por un gran cuadro vanguardista cuyo tema era un enorme y abstracto lobo rojizo; a Alice le había costado lo suyo encontrarlo, pero al final había dado con este en Italia, en una sala de subastas, y a mí me hizo muchísima ilusión cuando nos lo regaló - quién vería a Alice con un pañuelo en la cabeza y las gafas de sol, levantando su tablilla una y otra vez con avidez para conseguir el cuadro de un lobo; y quién le iba a decir a ella que acabaría haciendo eso por un metamorfo. Siempre que me imaginaba la escena, me hacía mucha gracia -. Junto al asiento, donde la inclinación ascendente de la escalera desaparecía y se fundía con el techo, se erguía una lámpara de pie, de acero, y delante del mencionado mueble pusimos una mesita lacada en rojo, para que hiciera juego con la chimenea de ladrillo que hacía esquina en la pared con ventana de enfrente - donde habíamos colocado los dos butacones también color crema y la mullida alfombra de color gris -. La tele reposaba sobre un mueble bajo de dos cajones que estaba arrimado al trozo de paramento que quedaba entre las dos ventanas posteriores de la estancia, en la pared larga del saloncito que seguía a la del sofá y se unía con la de la chimenea; éste sostenía unas estanterías en el que habíamos puesto algunos de mis libros y un reloj. Todos los muebles y los cuadros que vestían las paredes eran de estilo moderno, los estores coincidían cromáticamente con la tapicería y la zona del sofá también era diferenciada por otra alfombra gris, aunque esta no era tan mullida como la de la chimenea.

Sí, al primer golpe de vista lo vi.

La televisión estaba encendida, pero él ni siquiera la estaba mirando. Su cabeza reposaba en el respaldo del sofá y su mirada estaba clavada en la lámpara del techo, con una mezcolanza de pesar y rabia.

Sus ojos se percataron de mi presencia y se despegaron del forjado para observarme a mí.

Me acerqué al sofá deprisa, me dejé caer medio aovillada a su lado y rodeé su cuello con mis brazos para darle un beso en la mejilla, parecía tan triste. Su mano más próxima enseguida se enganchó a mi cintura a la vez que giraba el rostro para encararlo al mío.

- Puedes ir con la manada, si quieres – le dije, pegando mi frente a la suya con los ojos cerrados a la vez que acariciaba su nuca con mis dedos.
- No quiero dejarte sola – murmuró.
- No tienes de qué preocuparte. Estaré bien, seguro que tus hermanos hacen lo que tienen que hacer.
- Por eso mismo. Confío en ellos, saben muy bien lo que hacen, así que no me necesitan para nada. Además, sólo es un vampiro, esto no es nada para nosotros.

Su nariz dejó escapar un suave, largo y casi silencioso suspiro. Abrí los ojos y me separé un poco de su rostro para vérselo mejor.

- ¿Estás bien? ¿Quieres hablar de ello? – le pregunté.

Jacob bajó la mirada y cogió una de mis manos para enredar un poco con mis dedos.

- Pensarás que es una estupidez, pero es que esos lobos son como si fueran una especie de hermanos para nosotros. Bueno, ya sé que sólo son animales, pero… - su frase se cortó cuando frunció los labios y otro largo suspiro salió por su nariz.
- Lo entiendo. Yo también estoy vinculada a ellos en cierto modo.
- No sé cómo alguien puede hacer algo así – masculló con rabia -. Me da igual que sea un animal y quien lo hizo un vampiro. Podía haberle matado primero y mutilarle después de muerto, para que ese pobre lobo no sufriera. No entiendo cómo se puede ser tan ruin y cruel.

No supe qué decirle. La horrible imagen de la cara de agonía de ese lobo se plantó en mi cerebro y me quedé sin palabras que pudieran explicar ese comportamiento tan sádico y reprobable.

- Lo siento, no sé qué decirte – confesé con un murmullo -. Ojalá pudiera decirte algo que te consolara.

Jacob alzó la vista y clavó esos preciosos y grandes ojos negros en los míos. Ya notaba cómo me hipnotizaban.

- A ti no te hace falta decir nada, sólo tu presencia ya me hace feliz – susurró, dejando mi mano para acariciarme la mejilla con el dorso de sus cálidos dedos.

Le sonreí y acerqué mi rostro para darle un beso corto y dulce. Sin embargo, cuando separé mi cara un poco, Jacob levantó sus profundos ojos y éstos volvieron a engancharme con esa mirada penetrante. Mi semblante actuó solo, movido por esa fuerza que me llevaba hacia él, y no pude evitar regresar a sus labios para darle otro beso. Y otro, y otro, y otro, y otro…

Mi cuerpo ya se estremecía solamente con notar el suave y ardiente tacto de su boca. Mis mariposas agitaban las alas sin parar, completamente hechizadas, ya no había forma de pararlas. Rozaban las paredes de mi estómago y hacían saltar a mi corazón, que ya latía a mil por hora.

Sus sabios se quedaron quietos, dejándose hacer a gusto, mientras su aliento ya acariciaba mi boca, animado. Cuando me di cuenta, mi boca se entrelazaba con la suya lentamente y mordía su labio inferior con suavidad para juguetear un poco, exhalando el aire con más que deseo, ya dejándose llevar por la energía mágica que nos rodeaba y que iba creciendo por momentos.

Llevé mi mano a su pelo y me arrimé más a él. Entonces, sus labios se cansaron de esperar y también comenzaron a jugar con los míos, moviéndolos a su antojo. Noté cómo sus palmas empujaban mi cintura y mi espalda para pegarme a su cuerpo, y la temperatura subió rápidamente.

Conseguí separar mis labios de los suyos, un poco a regañadientes, aunque sólo para tomarle de la mano, levantarme y tirar de él para que se pusiera de pie. Lo adosé a mí de nuevo y comenzamos a caminar juntos, dando tumbos, mientras seguíamos besándonos con pasión.

Entre que él me acorralaba en la pared y me bajaba los tirantes del camisón, y yo le estampaba a él después para quitarle la camiseta interior, no sé ni cómo fuimos capaces de subir las escaleras y llegar a nuestro dormitorio.

El caso es que fuimos dejando un reguero de ropa por el camino y por fin llegamos a la puerta de nuestra habitación. Jacob abrió la manilla de espaldas, sin dejar de besarme en ningún momento, y yo cerré la puerta cuando pasamos, con un talonazo.
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Cristina Almeida
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Abr 06, 2011 8:36 pm

Sigues con más capis pronto! Estoy loca para leerlos... Besos! alien
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JACOB&NESSIE
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Abr 06, 2011 9:20 pm

Mañana colgare otro Wink

UN BESAZO, GUAPA!
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JACOB&NESSIE
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Jue Abr 07, 2011 9:14 am

Bueno, lo prometido es deuda, aqui va otro capi I love you
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PRÁCTICAS

El calor, el olor y unos estupendos y cálidos dedos que pasaban a través de mi pelo, hicieron que mis sentidos salieran de su sueño y me despertara. Ronroneé, desperezándome, y ceñí aún más mis brazos sobre su espalda para apretarme contra él y achucharle otro poco. Jacob hizo lo mismo. Aún estábamos desnudos, así que no pude evitar estremecerme cuando noté su ardiente y sedosa piel tan pegada a la mía. Giré mi cara, todavía con los párpados cerrados para apreciarlo mejor, e inhalé el maravilloso efluvio de la piel de su pecho hasta que mis bronquios ya no se pudieron llenar más. Pero cuando abrí los ojos, los alcé y vi su hermoso rostro, fue mucho mejor. Sus grandes ojos negros y brillantes, penetrantes y dulces al mismo tiempo, me observaban como si hiciera un millón de años que no lo hubieran hecho. Mis mariposas ya querían escaparse con él. Todas las mañanas me pasaba igual, no sabía si seguía soñando. No podía creerme que un hombre como este estuviera imprimado y enamorado de mí, que todas las noches mi alma fuera libre entre sus brazos, que me despertara a su lado todos los días, que abriera los ojos y lo primero que viesen fuera ese hermoso semblante mirándome con ese amor y esa adoración. Casi me parecía estar en el cielo.

Aunque yo también debía de tener la misma cara que él, porque esbozó una de sus mejores sonrisas torcidas al verla.

- Buenos días, preciosa – murmuró.

Sí, si el cielo existía, debía de ser lo más parecido a esto.

- Buenos días – sonreí, aproximándome a sus labios y llevando mi mano a su nuca.

En cuanto acercó su rostro al mío y comenzó a besarme, mi cuerpo empezó a reaccionar como siempre. Era inevitable, y tan fácil.

Hoy era sábado y teníamos toda la mañana para nosotros, puesto que Jake no tenía que irse a trabajar y también era su día libre en la manada.

Desde que Jacob había encontrado un empleo a media jornada como mecánico en un taller de Port Angeles, patrullaba menos horas. Yo lo prefería, la verdad, así él no estaba en peligro tanto tiempo y me iba a clase más tranquila. Su jefe, el señor Farrow, era un poco estricto, pero era un buen hombre y no pagaba mal. Al principio, no estaba muy seguro de contratar a un chico de veinticuatro años sin estudios ni título alguno relacionado con el mundo de la mecánica, sin embargo, en cuanto vio la destreza y el talento de Jake dentro del compartimiento del motor, no lo dudó ni un instante y le dio una oportunidad. Las buenas artes de Jake con la mecánica, la labia y el carisma que derrochaba y le caracterizaba, hicieron que en sólo tres meses se ganara al señor Farrow, tanto, que ahora incluso era su ojito derecho. Por eso Jacob solamente trabajaba de lunes a viernes y había conseguido que su jefe le dejara los fines de semana libres.

Aunque habíamos pasado buena parte de la noche deshaciendo la cama, aprovechamos la mañana para deshacerla un poco más.
Tanto como había criticado a mis padres por su fogosidad y apasionamiento, y ahora nosotros éramos peores que ellos. Nuestra vida sexual no era activa, era activísima. Puede que fuera porque solamente llevásemos pocos meses viviendo juntos, pero teniendo a un hombre como Jacob a mi lado, con esa forma de ser y ese cuerpazo perfecto, era completamente imposible resistirse, aparte de la energía que nos rodeaba y que, encima, nos incitaba aún más.

Cuando conseguimos convencernos el uno al otro de que ya era hora de levantarse, y después de charlar y juguetear un poco en el lecho, nos levantamos.

Como la ducha era bastante grande, nos duchamos juntos para ahorrar agua, aunque acabamos jugueteando otro poco bajo el agua.

En cuanto terminamos, abrí la mampara y cogí mi toalla.

- Espera – me paró cuando la extendí.

Me la quitó y me la puso por encima de los hombros. Se arrimó a mí por detrás y me rodeó con sus brazos para cubrirme bien con ella y arroparme. Su abrazo fue cálido y acogedor, como él. Después, me dio un beso en la sien que me puso todo el vello de punta.

- Gracias – sonreí, girando un poco el rostro para mirarle y darle un merecido beso.

Fue corto, pero tan dulce.

Salí de la ducha y le pasé su toalla. Sequé un poco mis pies con la toallita del suelo y me calcé con las zapatillas de baño para quitarme de ahí y dejarle sitio a Jake.

Mientras él salía de la ducha y se secaba el pelo, yo me acerqué a la lavadora; sobre ella dejábamos siempre la ropa preparada para vestirnos.

Terminamos de secarnos y nos vestimos. Me desenredé el pelo y me lo peiné, pero opté por dejar que se secara al aire, no tenía ganas de pelearme con el secador, y, además, mi rizo natural me quedaba bastante bonito, la verdad.

Y entonces, cuando estábamos apunto de salir por la puerta, caí en una cosa.

- ¡La colada! – exclamé con pesar, acercándome corriendo a la lavadora y abriendo el tambor -. Ayer se me olvidó tenderla -. Saque una de las prendas y la levanté -. Genial, ahora está toda arrugada.
- Bueno, no te preocupes, ya la tiendo yo – dijo Jake, apartándome del sitio con suavidad -. Tú vete haciendo la cama.
- Pero si la colada me tocaba a mí.
- Bah, da igual – cogió el barreño de la colada y empezó a sacar la ropa, depositándola en él -. Vete, vete, ya me encargo yo – insistió, haciendo gestos con las manos para que me fuera.

Fruncí el ceño, un poco extrañada. Lo de la colada no es que fuera de las tareas favoritas de Jacob, y mucho menos tender la ropa. Eso siempre le daba bastante pereza. Aún así, no le di más importancia, a lo mejor sólo quería ser amable.

- Bueno, vale – acepté -. Pero acuérdate de poner el plástico, parece que va a llover.
- Que sí, que sí. Vete ya – se rió.

Volví a fruncir el ceño, aunque en esta ocasión sonriendo, y salí del cuarto de baño.

Estaba empezando a hacer la cama, cuando escuché los acelerados pasos de Jake por el pasillo; bajó las escaleras a toda prisa y acto seguido se escuchó el portazo de la puerta de casa.

- ¿Pero qué le pasa hoy? – me reí para mí.

Una vez que rehice el lecho, terminé de acondicionar el edredón, coloqué los cojines y cerré la ventana.

Bajé las escaleras y, en cuanto llegué al vestíbulo, llamé a Brenda para contarle mi agradable experiencia con el padre de Helen y lo poco que me había servido, pues no había conseguido averiguar nada sobre nuestra amiga. Después, me dirigí a la cocina.

Nada más llegar allí, Jacob entró en casa. Escuché sus pasos de nuevo hacia el baño, probablemente para dejar el barreño, y luego bajaron las escaleras de tres en tres hasta que se pararon en el vestíbulo.

Marcó un número en el teléfono fijo y se puso a hablar con alguien; enseguida descubrí que era Leah y que le estaba preguntando por el vampiro de ayer. Al rato, colgó y vino hasta la cocina.

- Bueno, ¿qué desayunamos hoy? – preguntó con su ánimo de siempre, pasando por la puerta mientras se frotaba las manos.
- Iba a preparar tortitas, ¿te apetecen?
- Claro - exclamó, rodeando mi cintura para darme un beso corto -. Pero también voy a preparar unos huevos revueltos, hoy tengo un hambre voraz, ¿quieres tú también?

No me extrañaba que tuviera hambre. Ayer nos habíamos ido a la cama sin cenar, y después de todo lo de anoche y esta mañana…

- Sí, vale. La verdad es que yo también tengo bastante hambre – reconocí, sonriendo, mientras agitaba la masa que ya había empezado a hacer en el recipiente redondo de cristal.
- De acuerdo – aceptó con alegría.

Se separó de mí y se dirigió a la nevera para coger los tropecientos huevos.

- ¿Qué te ha dicho Leah? – inquirí -. ¿Atraparon al vampiro?
- Sí – respondió con una enorme sonrisa de tranquilidad -. Lo pillaron en el Parque Nacional de Olympic y le dieron su merecido.
- Me alegro – sonreí yo también.
- Lo único malo es que no pudieron recuperar la pata del lobo y no podremos enterrarla con el resto del cuerpo – declaró, sacando la sartén de su sitio -. Debió de asustarse y deshacerse de ella en algún sitio, o no sé, puede que se la tragara.
- Bueno, el caso es que ese vampiro se ha llevado lo suyo y no volverá a maltratar a ningún animal – y me acerqué a él para darle un beso en la mejilla, a lo que él me correspondió con otro en los labios y una sonrisa.
- De todas formas le preguntaré a Carlisle si sabe el por qué de ese comportamiento – declaró, vertiendo el aceite en la sartén.
- ¿Para qué? Ya le habéis pillado.
- Ya, pero ahora tengo curiosidad – y se encogió de hombros.

Hicimos las tortitas, más los huevos revueltos con beicon. Desayunamos tranquilamente, entre charlas y risas, y después recogimos la cocina.

En cuanto dejé el trapo en su sitio, Jake me cogió de la mano.

- Ven, quiero enseñarte una cosa – anunció con otra sonrisa gigante, tirando de mí hacia el vestíbulo.
- ¿Una cosa? ¿El qué? – quise saber, riéndome por su contagioso entusiasmo.
- Ya lo verás.

Abrió la puerta de casa y me llevó a la parte lateral izquierda de la vivienda.

- ¿A dónde vamos? – pregunté, intrigadísima.
- Al garaje.
- ¿Al garaje? ¿Para qué?
- Ah, ya lo verás – se rió.

De la que llegábamos al garaje, no pude evitar echarle un vistazo a las cuerdas del tendal, que estaban justo al lado. Normalmente, Jacob siempre tendía la ropa de cualquier manera, pero hoy estaba peor que nunca. Se notaba que las había colgado con prisa, en algunas prendas ni se había molestado en poner pinzas. En fin, por lo menos estaban tendidas y se había acordado de poner el plástico por encima. No le dije nada, si le regañaba, ya tendría una excusa para no volver a hacerlo más. Además, había cosas que a mí también se me daban mal y que a él, en cambio, se le daban de maravilla, como, por ejemplo, planchar. A mí eso sí que me aborrecía, sin embargo, a Jacob no le importaba hacerlo. Tardaba muchísimo, pero luego la ropa le quedaba perfecta. Yo no tenía tanta paciencia.

Los dos paneles de chapa que hacían las veces de portón estaban abiertos de par en par. Eso ya era raro, porque solía estar abierto solamente uno. Antes de que me diera tiempo a preguntar la razón, Jake se colocó detrás de mí con rapidez y me tapó los ojos.

- Jake, ¿qué es esto? – me reí.
- Ya lo verás, es una sorpresa – repitió -. Camina un poco más, que yo te guío.
- ¿Una sorpresa?
- Aquí, ya llegamos – me avisó, obligándome a pararme con él -. Bueno, ¿no te imaginas lo que es?

Una sorpresa… Algo dentro del garaje…

Mi boca tomó aire con precipitación, del asombro repentino que me entró cuando me imaginé lo que era.

- No puede ser. ¿No será…?
- Ajá.

Y Jacob por fin retiró sus manos de mis ojos, para que comprobaran por ellos mismos lo que había adivinado.

Era mi pequeño Ford Festiva del 90, y tenía el capó abierto.

Nos había costado mucho encontrar algunas piezas y recambios, y eso que ahora que Jake trabajaba en ese taller tenía contactos, pero al final lo habíamos dejado impecable. El blanco de la chapa brillaba y relucía como si estuviese recién sacado de fábrica, los tapacubos también los habíamos pintado en blanco, y le habíamos puesto unas fundas nuevas a los asientos que eran de color gris y llevaban un ribeteo en rojo, a juego con las alfombrillas también recién compradas. Mi forito no se parecía nada a aquel vehículo viejo y cochambroso que habíamos conseguido por una ganga en uno de esos puntos de venta de ocasión y que casi estaba para llevarlo al desguace. El esfuerzo y las largas horas de trabajo en el garaje de casa habían merecido la pena, aunque, en realidad, me lo había pasado muy bien, sobretodo por estar junto a Jake. La mecánica me fascinaba de verdad, hasta el olor de la grasa me gustaba.

Pero lo único que le faltaba a mi coche era algo que estaba inservible y que habíamos tenido que tirar, lo más importante, el corazón de un coche: el motor. Y ahí estaba, en su sitio. Estaba tan brillante, que relucía como un espejo.

- ¡Mi motor! – exclamé con alegría -. ¿Pero, cómo…? ¿Cuándo…?

Me acerqué al capó y asomé la cabeza para verlo mejor.

- ¿Recuerdas esas horas extra que he tenido que hacer durante este mes? – preguntó, poniéndose a mi lado.
- Sí… - asentí, sorprendida y expectante.
- Bueno, pues se las pedí yo al señor Farrow para poder pagar este precioso motor – declaró, dándole unos golpecitos al susodicho -. Este trasto llegó hace un mes al taller y le pregunté a mi jefe si podía guardármelo. Le dije que yo haría unas horas de más para comprárselo y él me contestó que si se lo pagaba, no tenía ningún problema. Así que hace dos días lo compré, me lo traje y ayer lo puse antes de ir a buscarte. Limpié tu moto y tapé el coche con la lona para que no sospechases nada.
- Jake, no… no sé qué decir – murmuré, algo emocionada -. No tenías por qué haberlo hecho, lo hubiéramos comprado entre los dos.
- ¿Qué dices? Ni hablar, entonces no hubiese sido una sorpresa, y esta preciosa carita no me la pierdo por nada del mundo – aseguró, alzando mi rostro con la mano.

Me lancé a su cuello para besarle con efusividad y él no tardó nada en corresponderme y en apretarme contra su cuerpo, todo fue totalmente sincronizado, como siempre lo era todo entre los dos. Después de saciar mis ganas de comérmelo y mi alegría con sus labios durante un rato, logré despegarme para mirarle, eso sí, tuve que respirar bien hondo para recomponerme y bajar de mi nube.

- ¿Por eso saliste a tender la ropa? ¿Para abrir el portón y levantar el capó? – sonreí.
- Pues sí – se rió -. Con la pereza que me da a mí eso.
- Ya decía yo…

Jake volvió a reírse.

- Es un motor de segunda mano, pero está muy bien – afirmó, mostrándome una preciosa sonrisa de satisfacción -. ¿Quieres que lo ponga en marcha para que veas cómo ruge?
- ¡Por favor! – le rogué, entusiasmada.

Jacob se rió con más satisfacción todavía, se separó de mí y se metió en el coche, dejando la puerta abierta para hablar conmigo. Lo puso en marcha e hizo sonar el motor, dándole acelerones sin embragar el vehículo ni quitar el freno de mano.

Aquello no rugía, atronaba.

- ¡Jake, suena genial! – alabé con entusiasmo -. ¡Me muero por probarlo!
- Pues, hala, vamos – y me instó a subirme al coche haciéndome una señal con los dedos.
- ¿Ahora? – la alegría se me iba a salir por los ojos.
- Claro, ¿por qué te crees que abrí el portón? ¿Para que ventilase esto? – se burló -. Además, cuanto antes aprendas a conducir, antes te podrás presentar al examen. Así que, venga, baja el capó y vamos – dijo, abriéndome la puerta del copiloto y acto seguido cerrando la suya.
- Qué guay. Ayer clase de moto y hoy clase de coche – me reí, dejando caer el capó para cerrarlo. Me aproximé al lado derecho del forito con celeridad y me senté en el asiento -. ¿Y ya tiene gasolina? – interrogué, cerrando mi puerta.
- Por supuesto, nena – afirmó con su preciosa sonrisa torcida -. Ayer lo dejé todo preparado y listo para funcionar.
- Ya lo veo, ya – sonreí, dándole un beso en la mejilla.

Se volvió a reír con satisfacción y comenzó a sacar el coche del garaje.

Comprobé que mi humilde forito iba como la seda durante la conducción de Jacob. Lo llevó por la carretera de Mora, pues en esta época era menos transitada, hasta que llegamos al parking de Rialto Beach. Allí dio la vuelta y detuvo el vehículo.

Salimos del coche y cambiamos los puestos. Yo tuve que llevar mi asiento un poco hacia delante para llegar a los pedales, y él tuvo que llevarlo un poco hacia atrás para que sus rodillas no chocasen con la guantera.

Me abroché el cinturón de seguridad, calibré bien los espejos – el de la derecha con la ayuda de Jake - y esperé a las instrucciones de mi chico.

- Bueno, ¿llegas bien a los pedales y al volante? – me preguntó.
- Sí – asentí, comprobándolo bien.
- Los intermitentes, luces y todo eso ya lo tienes controlado, ¿no?
- Ajá.
- Vale. Ahora atenta. Pie izquierdo, embrague. Pie derecho, acelerador y freno. El pedal del medio es el freno y el de la derecha, el acelerador, ¿de acuerdo?

Giré mi rostro hacia él y le puse los ojos en blanco.

- Sí, eso ya lo sé. Hasta ahí llego – afirmé con sarcasmo.
- Una cosa es saber de mecánica, y otra muy distinta conducir un coche – alegó, también con ironía -. Venga, que te vea yo lo bien que lo haces.
- Está bien – y pisé los tres pedales con sus pies correspondientes para demostrárselo, y tenía que reconocer que, además, para familiarizarme.
- Bueno, para cambiar de marcha tienes que mantener el embrague bien pisado, hasta abajo. Pisa el embrague y mantenlo así – eso hice -. Bien - cogió mi mano derecha con su izquierda, me la colocó en la palanca de cambios y, sin quitar la suya de encima, la guió para que metiera las marchas -. Primera…, segunda…, tercera…, cuarta…, quinta… y marcha atrás. ¿Ves cómo lo hago? – y empezó a repetir las mismas acciones -. Con suavidad, sin forzar, con empujar un poco la palanca, la marcha entra sola. Ahora hazlo tú – y dejó mi mano desnuda, sobre aquella palanca extraña.
- Primera…, segunda…, ter… - la palanca quería negarse a entrar en su sitio.
- Sólo empújala – volvió a poner su mano encima de la mía, la empujó con suavidad y la palanca entró en la marcha -. ¿Ves? Es llevarla hacia ahí, nada más.

Dejó mi mano libre otra vez y probé de nuevo.

- Primera…, segunda…, tercera…, cuarta…, quinta… y marcha atrás.
- Genial, pequeña – me alabó con una sonrisa -. Hazlo otra vez.

Empujé la palanca con suavidad y metí primera, segunda, tercera, cuarta, quinta y la marcha atrás, sin mayores problemas.

- Creo que ya le pillé el tranquillo – declaré, contenta.
- Bueno, eso ya lo veremos ahora. Ponlo en punto muerto, pisa el embrague y el freno, y arranca.
- Vale.

Dejé la palanca de cambios en punto muerto, hundí los pedales del freno y del embrague hasta abajo y giré la llave en el contacto.

La mezcla de aire-combustible de las cámaras de combustión de los cilindros explotó gracias a la chispa eléctrica que saltó en el electrodo de la bujía y el motor de cuatro tiempos de mi forito arrancó a la primera.

Sonreí con satisfacción y Jacob lo hizo con más. Eso era música para nosotros.

- Vale. Ahora quita el freno de mano, pero no dejes de pisar el embrague y el freno. Luego, mete primera.
- Sí.

Pulsé el botón de la palanca del freno con el pulgar, la empujé hacia abajo y después alcé la mano para meter primera.

- Ahora pon atención – dijo, alzando las dos manos en el aire como instándome a la calma, cosa que me hizo un poco de gracia -. Manos en el volante, y muy, muy despacio, vas levantando el pie del embrague a la vez que aceleras también muy suavemente.
- ¿Esto también es una granada? – bromeé.

Jake se rió.

- No, lo único que puede pasar es que se te cale.
- Ah, bueno.
- Venga, venga, hazlo – me azuzó.
- Voy, voy.

El coche cabeceó hacia delante y se caló.

- No, mira – volvió a alzar las manos y las extendió con las palmas hacia abajo -. Tu pie tiene que soltar el embrague muy despacio a la vez que el otro acelera suavemente – me instruyó, gesticulando con las manos para enseñarme cómo tenía que mover mis pies -. Así, ¿ves? Los dos al mismo tiempo.
- Vale – asentí.
- Arráncalo otra vez e inténtalo de nuevo – me instó, poniéndolo en punto muerto y girando la llave del contacto para apagar el vehículo.

Arranqué el coche como me había enseñado antes, metí primera, tomé aire y, con él retenido en mi pecho, levanté el pie del embrague más lentamente a la vez que pisaba el acelerador igual de suave.

El Ford comenzó a moverse, temblequeando en una serie de pequeñas sacudidas, hasta que aceleré un poquito más y solté el embrague del todo, entonces el vehículo consiguió avanzar con un rodamiento uniforme y estabilizado.

Jake pasó su brazo izquierdo por detrás de mi respaldo y se arrimó a mí.

- Pisa el embrague y mete segunda – me dijo, sujetando un poco el volante con su mano derecha, por si acaso el Ford se me fuera.

Hundí el pie izquierdo en el pedal y llevé la palanca de cambios hacia abajo. La marcha entró sola.

- Muy bien, nena – encomió, dándome un beso en la mejilla -. Señala a la derecha, que vamos a girar para salir del parking.
- Sí.

Empujé la palanca izquierda del volante hacia arriba; el testigo verde parpadeante en forma de flecha y el ruidito del intermitente, me indicaron que lo había hecho correctamente.

- Bien, ahora, como tienes que detener el coche del todo para hacer el stop, tienes que frenar suavemente pisando también el embrague, para que no se te cale.
- Vale.

Hice lo que me mandó y mi forito blanco se detuvo sin problemas frente al cruce.

Metí primera e inicié la marcha con el mismo temblequeo de antes, pero, al igual que hace un momento, conseguí controlarlo y pude girar a la derecha sin problemas, eso sí, con Jacob pendiente de mis movimientos todo el tiempo. Cambié a segunda y seguí avanzando por la carretera.

- Muy bien, preciosa – me alabó Jake -. Ahora mete tercera y ve despacio.
- De acuerdo – acepté.

Pisé a fondo el embrague y llevé la palanca de cambios hacia delante. Cuando levanté el pie izquierdo del pedal, el coche se sacudió violentamente y embistió de cabeza con fuerza, a la vez que el motor rugía enrabietado, aunque el coche no se detuvo y seguimos la marcha, si bien el vehículo iba muy forzado.

- ¿Qué ha pasado? – quise saber, asustada.
- Nada – se rió Jake -, que has metido primera en vez de tercera.
- Oh.
- No pasa nada – me calmó, cogiendo mi mano derecha para ponerla en la palanca de cambios otra vez -. Cambia a segunda, acelera un poco y luego mete tercera.

Jacob siguió con su mano sobre la mía, pero dejó que yo llevara a cabo las acciones. Metí segunda, el motor descansó un poco, y después cambié a tercera, esta vez, bien.

Respiré tranquila cuando vi que el forito marchaba como es debido.

Continué por la carretera de Mora, siguiendo las instrucciones de Jacob al dedillo.

A diferencia de ayer con la moto, en esta ocasión no tuve ningún percance importante, salvo que se me caló un par de veces al salir de una cuesta, aunque finalmente conseguí arrancar y avanzar, eso sí, con mi chico a mi vera todo el tiempo, haciéndome esos gestos con las manos, imitando lo que mis pies deberían hacer, y controlando el freno de mano por si tenía que clavarlo para que no se me fuera el coche hacia abajo.

Fue la única vez que se me resistió una cuesta, ya que enseguida le pillé el tranquillo a la mecánica de conducir. Jake sonreía todo orgulloso, diciendo que se notaba que era su alma gemela; eso me levantó el ánimo y me llenó de confianza.

Nos pasamos toda la mañana practicando con el Ford, recorriendo la carretera de Mora una y otra vez. Íbamos del parking de Rialto Beach al cruce donde desembocaba la calzada y la unía con la carretera de La Push, y allí dábamos la vuelta para ir al parking de nuevo, cosa que me servía para practicar la marcha atrás.

En ese parking, Jake me enseñó a aparcar: de frente, hacia atrás, de lado... Y cuando ya lo hacía más o menos bien – no sé por qué, pero eso de aparcar se me resistía -, nos dirigimos de nuevo a recorrer la carretera de Mora.

Hasta que al llegar al dichoso cruce esa enésima vez Jake me dijo que girase a la derecha. Entonces obedecí encantada y llevé yo misma mi precioso forito blanco a casa.

Toqué el claxon a modo de saludo cuando pasamos por delante de casa de Billy, el cual estaba en el porche y sonrió al vernos, seguí por el estrecho sendero que daba a nuestra casita y aparqué frente al garaje.

Me quité el cinturón de seguridad con una amplia sonrisa y me lancé a los brazos de Jake para abrazarle y besarle. Me costó, pero conseguí despegarme de él, aunque me quedé con mis brazos rodeando su cuello, bien pegada a su cuerpo.

- Gracias por todo – le dije -. Has tenido mucha paciencia.
- ¿Qué dices? – cuestionó con esa preciosa sonrisa suya -. Pero si lo has hecho genial. Mira, mañana iremos por Forks para que practiques un poco los semáforos, carriles y todas esas cosas.
- ¿Por Forks? ¿No será un poco pronto?
- Qué va. Te será muy fácil, ya lo verás – aseguró con total confianza, metiéndome el pelo detrás de las orejas -. Si lo haces tan bien como hoy, podrías presentarte al examen la próxima semana.
- ¿Tú crees? – sonreí.
- Por supuesto que sí, preciosa.
- Lo dices para halagarme – dudé.
- Que no. Te lo digo en serio, nena, nunca jamás he visto a nadie manejar un coche tan bien en una sola mañana. Tengo una chica listísima, aunque, claro, siendo mi alma gemela… - presumió con una sonrisa torcida.

Me salió una risilla. Le abracé de nuevo y nos besamos otra vez.

Después de volver a obligarnos a separarnos, salimos de mi Ford blanco y entramos en casa. Preparamos algo rápido para comer, hicimos un poco de sobremesa para reposar la comida y nos marchamos otra vez al garaje, aunque esta para coger las motos.

Las llevamos al mismo sitio que el día anterior y nos pasamos toda la tarde del sábado practicando con ellas.

Conducir me gustaba mucho, pero tenía que reconocer que lo de la moto me apasionaba. Tal vez fuera el hecho de notar el viento en la cara a modo de libertad, o quizás fueran esas carreras que nos echábamos Jake y yo, si bien no me dejaba ir demasiado deprisa todavía. El ir en moto con Jake implicaba que los dos estábamos haciendo lo mismo, interactuando a la vez en una misma acción, y eso me encantaba.

La fiesta se terminó cuando empezó a llover y, además, con ganas, aunque ya había oscurecido bastante e íbamos a tener que dejarlo igualmente. Llevamos las motos al garaje y nos metimos en casa.

Una vez más, la noche del sábado y parte de la mañana del domingo la dedicamos para repetir lo mismo que habíamos hecho el día anterior, con lo que nos levantamos tarde. Aún así, nos dio tiempo a ir a Forks para practicar con mi forito.

Por la tarde Jake tuvo que marcharse con la manada para patrullar, así que yo aproveché para hacer unos deberes que tenía pendientes y estudiar un poco en el saloncito. Últimamente me había vuelto más aplicada en los estudios. No es que me importase especialmente el sacar mejores o peores notas, pero estudiar era una de las maneras de estar entretenida con algo para no pensar demasiado en el peligro que corría él. Sabía que la manada era muy numerosa y que Jake gozaba de mucho poder por ser el Gran Lobo, era muy difícil que le pasara nada, sin embargo, desde que había pasado todo aquello con los Vulturis y había salido todo su poder espiritual, se había corrido la voz y cada vez venían más vampiros nómadas para enfrentarse a él y tratar de vencerle. Eso no me tranquilizaba nada de nada.

Al poco de anochecer, que ahora en invierno era temprano, respiré aliviada cuando lo vi aparecer por la puerta, y así se lo hice ver con mi enorme abrazo y el interminable beso que le di acto seguido.

Pronto nos fuimos al cuarto del ordenador para hablar un poco con mi familia y Jake aprovechó para preguntarle a Carlisle si sabía de la razón que podía llevar a un vampiro a arrancarle la pata en vida a un pobre lobo. Mi abuelo no dio con ninguna respuesta lógica y lo achacó a simple y horrenda crueldad, a lo que Jake contestó con un maldito chupasangres entre dientes.

Estuvimos cerca de una hora de cháchara con mi familia, hasta que no nos quedó más remedio que cortar la conexión, pues habíamos quedado con algunos de los chicos para que vinieran a casa a jugar con la consola, que ya se estaba convirtiendo en todo un ritual obligado de los domingos. La consola había sido uno de los regalos que mis padres le regalaron a Jake por su cumpleaños. No es que fuéramos los únicos que tuviéramos una aquí en La Push, pero nadie tenía el enorme surtido de juegos de deportes y acción que venía añadido en el lote.

Los hermanos de Jake no tardaron en llegar y se presentaron puntuales. Picaron al timbre quinientas veces a modo de broma y mi chico les abrió. El alboroto no tardó en notarse. Quil, Claire, Embry, Seth, Brenda, Paul, Rachel, Shubael, Isaac, Canaan, Sarah, Jared y Kim entraron entre risas, bromas y esa camaradería típica quileute mientras cargaban con dos neveras portátiles llenas de cervezas sin alcohol y portaban un montón de comida para quedarse a cenar.

El sofá de tres plazas lo ocupamos las féminas - Brenda y yo tuvimos que conformarnos con los brazos del mismo - y los chicos se repantigaron por la alfombra como pudieron, apartando la mesita roja de enfrente para que sus largas piernas entraran. Después de ese pequeño jaleo de organización, nos sorteamos los turnos de juego y nos pusimos a jugar.
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Cristina Almeida
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Vie Abr 08, 2011 3:54 am

¡Muy buenos estos capis! ¿Chicas, qué opinan de las imágenes filtradas de amanecer? En serio, no tuve ganas de verlas... Question
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JACOB&NESSIE
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Sáb Abr 09, 2011 11:40 am

¡Hola!

Bueno, yo no las he visto ^^ , pero creo que no se deberian de filtrar esas imagenes, porque para toda la gente que esta trabajando en la pelicula (actores, director, y todos los que estan detras) es una putadilla, la verdad. Es como si tu escribes un libro y se filtran partes del mismo por ahi, a mi no me gustaria nada, desde luego Rolling Eyes

Y dicho esto, voy a poner el siguiente capi alien Espero que te guste, Cristina Wink

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HELEN

- ¡Toma! – gritó Quil, alzando el puño al aire como signo de victoria.
- ¡Mierda! – protestó Canaan, pasándole ya el mando a Rachel, que era la siguiente.
- No cantes victoria tan pronto, primo, que ahora me toca a mí – le dijo ella.
- Ja – se burló Quil.
- Es buena, te lo advierto – afirmó Jake, llevándose el botellín de cerveza a la boca mientras yo seguía pasando los dedos por su pelo.
- Déjalo, hermanito. El movimiento se demuestra andando.
- Te voy a dar una paliza – amenazó Quil.
- Eh, no te pases – le advirtió Paul, dándole un empujón en el brazo.
- Tío, era en sentido figurado – se defendió.

Jake se llevó la mano a la cara y se rió de la confusión de Paul. Su cuñado le reprendió a él también, dándole otro empujón.

Quil y Rachel empezaron la partida.

- ¡Ahí te va, mi llave especial! – voceó Quil con entusiasmo.
- ¡De eso nada! ¡Toma patada!
- Jake, ¿me pasas una cerveza? – le pedí.
- Claro.

Su espalda dejó el espacio de entre mis piernas, despegándose de los bajos del sofá que le hacían las veces de respaldo, y ladeó su torso, estirándose un poco. Abrió una de las neveras portátiles, cogió un botellín, secándolo un poco con un trapo que habíamos traído de la cocina con ese fin para que el agua no gotease por toda la alfombra, y le quitó la chapa.

- Toma – me la pasó, apoyándose otra vez en el sofá.
- Gracias – y le revolví el pelo a modo de caricia juguetona.
- ¡Mierda! – se quejó Quil.
- ¿Lo ves? Te dije que era buena – aguijoneó Jake.
- Sí, ya lo veo – reconoció a regañadientes.
- Has perdido – se burló Claire.
- Ya, ya. Pero la próxima vez, ganaré – juró él.
- Bueno, ¿quién es el siguiente? – preguntó Rachel.
- Yo – levanté la mano y le pasé la cerveza a mi chico.
- ¡Uf! ¡Duelo de titanes! – exclamó él, riéndose con una malicia traviesa.
- Te voy a machacar – afirmó Rachel.
- Eso ya lo veremos, guapa – le rebatí con competitividad mientras le cogía el mando a Quil.
- ¡Uah! ¡Esto va a ser muuuuy interesante! – se rió Jacob, posando los botellines en el suelo para frotarse las manos.
- Si se pusieran en bikini y trajéramos un poco de barro, sí que sería interesante – soltó Shubael, mirando con picardía al horizonte como pensando en ello.

El cuerpo del quileute fue zarandeado, primero por el empujón que le dio Jake en el brazo, que lo llevó a un lado, y después con el siguiente de Paul, que le llevó al otro.

- Qué cerdo, siempre pensando en lo mismo – le reprendió Sarah, poniendo cara de asco.
- Ni que lo digas – asintió Isaac -. Y lo peor es que los demás tenemos que aguantar esas fantasías guarras que tiene, a todas horas.

La cara de Sarah pasó a ser de repugnancia total.

- Tú sí que estás para hablar – le achacó Shubael -. Tus pensamientos son películas porno directamente.
- ¡Por favor! ¡Hay una niña delante! – les riñó Quil.
- ¿Qué son películas porno, Quil? – quiso saber ella.
- Genial – masculló su imprimado con disgusto -. Sois un par de idiotas, ¿lo sabíais?
- Mira que sois burros – les criticó Rachel.

Isaac le dio una colleja a Shubael por su metedura de pata y éste se la devolvió por la suya.

- Di, ¿qué son? – azuzó la niña, dándole palmaditas en el hombro.
- Pues… son unas películas muy feas donde sale gente muy rara y… - pensó durante un par de segundos – hay muchos monstruos que hacen cosas muy malas y muy desagradables.
- Hombre, desagradables… - dudó Shubael.

Ahora fueron todos los que le dieron la merecida colleja.

- ¿Son películas de miedo? – continuó Claire.
- Sí, eso. De terror, así que no las pueden ver las niñas.

Claire se quedó pensativa.

- ¿Y tú cómo lo sabes? ¿Es que has visto alguna? – inquirió con inocencia.

Se me había olvidado lo lista que era esta niña.

Quil se puso pálido y el saloncito estalló en una risotada.

- Apuesto cinco dólares por Nessie – dijo Jared para ver quién se apuntaba a su reto y para desviar la atención a otro tema, cosa que Quil le agradeció en el alma.
- Pues yo por Rachel – picó Embry.
- Hecho – aceptó el primero.

Y los dos chocaron los puños.

- ¿Estás preparada? – inquirió mi futura cuñada.
- Cuando quieras.

Ambas apretamos el botón de inicio y nuestros luchadores de Pressing Catch comenzaron a moverse en el cuadrilátero.

- Venga, nena – me animó Jake, girando medio cuerpo para acariciar mi muslo, aunque sin quitarle ojo a la pantalla.
- Vamos, cariño – alentó Paul a Rachel, haciendo lo mismo.
- Oh, ¿ya vais a empezar vosotros dos con lo de siempre? – se quejó Seth entre risas.

Mi chico y Paul se dedicaron una mirada provocadora de reojo que ya respondía a su hermano de manada.

Me salió una risilla.

- ¡Prepárate para recibir! – gritó ella mientras su luchador ya saltaba desde las cuerdas y se caía encima del mío.
- ¡Muy bien, cielo! – alabó Paul, riéndose.
- ¡Ja, de eso nada! – contradije.

Toqué dos botones más y conseguí que mi personaje se levantara y le propinara una llave con patada al suyo, haciendo que saliera despedido del cuadrilátero.

- ¡Sí, dale caña, preciosa! – se carcajeó Jake, acariciándome con más brío.
- ¡Vamos, tú puedes, cariño! – trató de levantar Paul, aunque ya se mordía el labio al ver cómo mi luchador agarraba de los pelos al de Rachel y lo lanzara dentro de las cuerdas.
- ¡Sigue así, pequeña! – continuó animándome mi chico.
- ¡Levántate, Rachel!
- ¡No puedo! – lamentó ella.
- ¡Ahora, ahora! ¡Dale! – siguió Jake.
- ¡Y ahí tienes mi lluvia de patadas mortales! – exclamé con entusiasmo ante mi más que evidente victoria.
- ¡No vale! – se quejó Rachel imitando al tono de un lloriqueo -. ¡Eres mitad vampiro, juegas con ventaja!

Me carcajeé con malicia, totalmente satisfecha.

El tubito que se llenaba a medida que mi luchador golpeaba y que indicaba los puntos, se coloreó del todo y la pelea terminó con mi personaje alzando los puños al aire mientras que mi rival quedaba tendido en el suelo con un cartel sobre él que ponía game over.

- ¡Síííííííííí! – gritó Jake entre carcajadas maléficas, poniéndose de pie de un salto y levantando los brazos como mi luchador.
- Oh, vamos, no exageres, ¿quieres? – protestó Paul.

Mi chico se inclinó hacia mí para darme un beso y Embry le dio los cinco dólares a Jared no muy contento, a diferencia de éste, que sonreía de oreja a oreja.

- ¿Qué pasa? ¿Te fastidia? – se burló Jake, sentándose de nuevo.
- Bah, pásame una de esas empanadillas que hizo Rachel, anda.
- ¿Qué te crees que soy, tu criada? – protestó él -. Cógelas tú, ya sabes dónde están.
- ¿Vais a empezar a discutir? – volvió a quejarse Seth.
- No te preocupes, Paul, yo las traeré – intervine -. En realidad, creo que traeré toda la comida, ya es hora de que cenemos.
- Gracias, cuñadita – me sonrió.
- Pero si tienes que seguir jugando – señaló Jacob.
- Te paso el testigo a ti – y le di el mando más un beso en la cabeza mientras me ponía de pie.
- Bueno, como quieras – aceptó de buen grado.
- Espera, te ayudo – se ofreció Brenda, levantándose del otro brazo del sofá.
- Vale – asentí con una sonrisa.

Las demás chicas ya empezaban a levantarse para unirse a nosotras.

- No, no hace falta que vengáis – las paré, riéndome al ver cómo intentaban salir de entre todos esos corpachones que tenían debajo de su asiento -. Brenda y yo nos las arreglamos, tranquilas.
- ¿Seguro? – inquirió Sarah con el trasero en alza.
- Seguro, no os preocupéis – afirmé, comenzando a caminar hacia la cocina junto a Brenda -. Y tú defiende mi título bien, ¿eh? – le dije a Jake de camino.
- Descuida, nena – asintió, ya metido en el juego totalmente.

Mi amiga y yo entramos en la cocina y nos acercamos a la meseta para sacar la comida de las enormes bolsas de tela que habían traído los quileute.

El griterío del saloncito llegaba hasta la cocina, llenándola de alegría.

- ¿Sabes algo de Helen? – aproveché nuestra soledad para preguntarle a Brenda.
- No – negó con la cabeza -. Esta mañana la llamé al móvil y a su casa, pero nada. Y tampoco contesta a mis correos.
- No sé, ya estoy empezando a preocuparme de verdad – confesé con inquietud mientras sacaba los herméticos donde estaban las famosas empanadillas de Rachel -. Me parece muy raro que Helen no nos coja el teléfono, ni conteste a los correos, ni se quiera poner. ¿Le habrá pasado algo grave? Porque si es así, seguro que su padre no avisa a nadie.
- Bueno, ayer el señor Spencer te dijo que estaba en casa, ¿no?
- Sí, pero, ¿y si Helen está en el hospital y no nos lo ha dicho? – manifesté, mordiéndome el labio con preocupación -. Ese hombre es tan raro…
- ¿Y por qué iba a estar en el hospital? – cuestionó ella con una sonrisa un tanto objetora.
- Yo qué sé, por decir algo. A lo mejor ha tenido un accidente doméstico o algo – conjeturé.

Brenda bajó la mirada, pensativa, y frunció los labios.

- ¿Quieres que llame al hospital para preguntar y así nos quedamos más tranquilas? – se ofreció, alzando la vista hacia mí.

Ahora mi amiga parecía algo preocupada.

- Igual estoy siendo demasiado exagerada, ¿no? – reconocí, riéndome un poco por vergüenza a la vez que posaba otro hermético en la encimera.
- No te creas, la verdad es que sí que es raro – coincidió ella -. No me extrañaría nada que Helen estuviera en el hospital y el señor Spencer no le dijera nada a nadie. Ese hombre es muy huraño y no debe de estar muy bien de la cabeza. El pobre se quedó muy tocado con la muerte de su mujer. Helen me llegó a decir en una ocasión que hasta intentó suicidarse – desveló, para mi completo asombro.
- ¿En serio?
- Sí, pero no lo hizo y se dio más a la bebida, lo cual ha empeorado su carácter introvertido.

Me llevé la mano a la barbilla, pensativa, y ahora, además, todavía más preocupada por Helen.

- Llamaré al hospital – declaró Brenda al ver mi cara, sacando su móvil del bolsillo de su pantalón mientras se acercaba a la ventana de la cocina.

Unas risotadas estallaron en el saloncito.

Me apoyé en la encimera y me quedé escuchando, mordiéndome la uña de mi dedo pulgar.

- Ah, hola – empezó a hablar Brenda -. Mire, me gustaría saber si está ingresada una amiga mía – se hizo un silencio de dos segundos -. Helen Spencer – Brenda levantó la vista mientras esperaba la contestación y ambas nos miramos. La cara de alivio de después me tranquilizó -. Vale, gracias – y colgó.
- No está ingresada – adelanté, soltando un suspiro de sosiego.
- No – ratificó, guardando su teléfono de nuevo y acercándose a la encimera para seguir sacando la comida -. Así que no tenemos por qué preocuparnos. Seguro que es una gripe o algo así. Ya verás cómo mañana está en clase – me dijo para calmarme.
- Sí, tienes razón – asentí con otra exhalación.
- Venga, llevemos esto, que esos lobos ya deben de estar todos hambrientos – bromeó.
- Sí, si nos descuidamos, igual nos comen a nosotras – me reí, portando dos herméticos abiertos y un mantel colgando del brazo para llevarlos a la mesa.
- Bueno, eso no estaría mal… - insinuó, sonriendo -. Yo no tendría ningún problema en que me comiera Seth. ¿Tú que dices?
- A mí me encanta que me devore mi lobo feroz…

Y salimos las dos de la cocina entre risitas picaronas.



Corrí por el pasillo lo más deprisa que pude y que las vistas de los demás estudiantes que estaban terminando de entrar en sus aulas me permitían. Esa mañana Jacob y yo nos habíamos entretenido demasiado y ambos estábamos apunto de llegar tarde, yo a clase y él al trabajo.

Pasé el umbral de la puerta de mi clase y frené cuando vi que la mesa del profesor todavía estaba vacía. Expiré el aire con alivio y me giré para dirigirme a mi pupitre.

Mis ojos se sorprendieron al ver a Helen en su sitio y sonreí, todavía más aliviada y contenta. Brenda ya se encontraba en su asiento, pues ya había sonado el timbre.

No me dio tiempo ni de decir hola.

En cuanto me senté junto a Helen, el señor Grant apareció por la puerta, cerrando con un portazo alegre y dinámico. Bueno, señor era un decir, porque esta nueva adquisición del director para Ciencias Naturales no llegaría a treinta años. Su media melena rubia y revuelta, y una descuidada barba de varios días, le conferían un aire más juvenil y desenfadado, y sus ojos azules, su procedencia californiana y su ya conocido espíritu aventurero dentro y fuera del ámbito de la naturaleza, hacía que la mayoría de féminas de la clase suspirasen por él a cada instante. Era el único profesor que nos tuteaba.

El profesor posó su maletín en la mesa y comenzó a dar su clase, con las atentas miradas de un elevadísimo número de las chicas del aula.

Miré a mi derecha para ver a Helen por el rabillo del ojo. Su adormilado semblante estaba apoyado sobre su mano diestra y se inclinaba levemente hacia ese lado, en peso muerto. Sus ojos dorados falsos estaban bien remarcados por unas ojeras violetas que los hacía parecer hundidos y lúgubres, y su rostro parecía cansado y triste, melancólico. Llevaba su pelo castaño oscuro atado en una coleta hecha a desgana y no llevaba nada de maquillaje, lo cual me hizo verla de una manera nueva y extraña, ya que jamás la había visto sin sus párpados y sus labios negros; ni siquiera lucía su piercing en la nariz.

La verdad es que tenía un aspecto horrible. Lo único gótico que se había puesto para que yo pudiera identificarla, eran sus lentillas doradas y sus ropajes oscuros.

Arranqué un trocito de papel de la parte trasera de mi cuaderno, vigilando al señor Grant, que se movía de lado a lado en la zona de la pizarra mientras daba su animosa lección, y escribí.

¿Qué te ha pasado? ¿Has estado enferma o algo?

Le pasé la nota. Helen estaba pensando en las musarañas, y tuve que darle un pequeño codazo para que reaccionara y viera el papelito.

Pegó un pequeño bote del sobresalto, me miró, le señalé la nota con el dedo, y ella movió su cabeza para, por fin, verla.

La leyó y escribió justo debajo.

Sí, de gripe.

Contestó escuetamente.

¿Y por qué no contestaste a nuestras llamadas ni a los correos? Estábamos muy preocupadas por ti, ¿sabes?

Porque estaba en la cama con fiebre.

Otra vez, una respuesta rápida. ¿Qué le pasaba? Parecía distante.

¿Es que estás enfadada con nosotras por algo?

Helen me miró y suspiró.

No.

Pues lo parece, la verdad.

Lo escribí con el ceño fruncido y lo deslicé por el pupitre con rapidez, en su dirección. Encima que habíamos estado preocupadas por ella…

No, claro que no estoy enfadada. Es sólo que todavía no estoy recuperada del todo y me encuentro un poco mal, eso es todo. Perdonad por no haberos contestado.

Y me pasó su nota con una media sonrisa que suplicaba comprensión.

Lo cierto es que su aspecto no era muy saludable, que digamos. Le sonreí a modo de no pasa nada, y dejé que atendiera a la lección sobre los bosques y el negativo impacto del ser humano que estaba dando el señor Grant con tanta pasión.

La hora del almuerzo tardó un poco, pero llegó. Helen, Brenda y yo nos encontramos con las gemelas en la cafetería, llenamos nuestras bandejas, después de esperar una larga cola, y nos sentamos con ellas.

- ¿Qué tal estás, Helen? – le preguntó Alison, con una mirada preocupada al ver su aspecto.
- Sí, ¿qué te ha pasado? – continuó su hermana -. ¿Por qué no nos has contestado?
- Porque he estado enferma de gripe y me he pasado toda la semana en la cama durmiendo – respondió, con un aire cansado.
- Tienes unas pintas horribles – le soltó Brenda, llevándose una patata a la boca.

Le di un pisotón por debajo de la mesa para regañarla, pero no pareció darle importancia.

- Bueno, todavía no estoy bien del todo – le contestó Helen con una mueca que simulaba odio.
- En fin, me alegro de verte por aquí – sonrió Brenda -. Nos tenías bastante preocupadas.
- Ya, me lo dijo Nessie – me miró y nos sonreímos -. Perdonad, pero estaba tan cansada, que no tenía fuerzas ni para levantar la mano.
- Habrá que perdonártelo – bromeé, tirándole una miga de pan.

Helen se rió y me la devolvió.

- ¿Qué tal el fin de semana? ¿Habéis hecho algo especial? – inquirió Jennifer, tomando un sorbo de su refresco.
- Seguro que Nessie ha hecho muchas cosas especiales – insinuó Brenda para tomarme el pelo.

Las chicas irrumpieron con unas risillas pícaras, aunque Helen solamente sonrió un poco, como si no lo hubiese escuchado bien. Yo me puse roja como un tomate.

- Ja, ja – articulé con ironía -. Pues mira, sí, pero eso no te lo voy a contar a ti. Además, también estuve montando en moto y aprendiendo a conducir mi nuevo forito.
- ¿Ya lo habéis terminado? – exclamó Brenda con una sonrisa.
- Sí, Jake me compró un motor y me lo puso el viernes. Estuvo haciendo horas extra en el trabajo para poder regalármelo.
- Qué cielo – le aclamó Alison, poniendo ojitos -. Yo quiero uno así…
- Vete a la reserva, a lo mejor lo encuentras – le recomendó Brenda -. Mírame a mí.

Nos reímos una vez más, y esta vez, Helen ni siquiera levantó la comisura. Estaba totalmente distraída, pensando en algo. Mi sonrisa se apagó y terminé mordiéndome el labio inferior con preocupación.

- ¿Y qué tal se te dio eso de conducir? – me preguntó Jennifer, sacándome de mis pensamientos.
- Ah, muy bien. Ayer estuvimos practicando por Forks, y esta semana lo haremos por Port Angeles y Seattle. Si se me da tan bien como por aquí, me presentaré al examen la próxima semana.
- Guau, ¿tan pronto? – se sorprendió.
- Ajá – asentí, tomando un par de sorbos de mi bebida.
- Pues sí que se te debe de dar bien – reconoció ella.

Me encogí de hombros y me metí un poco de comida en la boca.

- Bueno, cuando tengas ese carné, nos llevarás a dar una vuelta en tu forito, ¿no? – reclamó Brenda.
- Claro, aunque vais a ir un poquito apretadas, porque es un coche pequeño – les avisé.
- No importa, nos apretujaremos – dijo Jennifer.
- ¿Y todos los chicos de la reserva son como Jacob y Seth? – interrogó de repente Alison, que seguía pensando en el tema anterior.

La mesa estalló en una carcajada, aunque mis ojos oscilaron directamente a Helen, la cual seguía en su nube, y no pudieron evitar mirarla otra vez con preocupación.

Estaba claro que algo raro le pasaba, no era sólo la gripe. Parecía preocupada y angustiada. Me moría de ganas de saber qué es lo que ocurría, pero decidí que lo mejor era esperar al final de las clases, para que estuviéramos a solas. Brenda no coincidía con nosotras en la última asignatura, así que podía aprovechar el momento entre el timbre y la salida de la clase para hablar con ella. Tendría que reprimir mis ganas de salir del aula corriendo para abrazar a Jake, pero bueno.

Una vez que terminamos de almorzar y, por lo tanto, de darle al pico, volvimos a clase. Las gemelas entraron por la puerta que les correspondía, y Helen, Brenda y yo por la nuestra.

El señor Varner ya estaba en el aula, pasando el borrador por la pizarra. Enseguida la llenó de logaritmos y fórmulas.

En cuanto la clase de Cálculo terminó, todos los alumnos comenzamos a recoger nuestras cosas para ir a la siguiente aula. Mis amigas y yo pusimos nuestras mochilas al hombro y nos dirigimos a la puerta.

Salimos al pasillo y, cuando íbamos a meternos en la siguiente clase, los pies de Helen se pararon repentinamente.

- Yo me voy – anunció de pronto.
- ¿Te vas? – pregunté, parpadeando de la sorpresa.
- Sí, no… no me encuentro bien – declaró con algo de nerviosismo, empezando a caminar hacia la puerta de salida -. Os veo mañana - y sus pasos se aceleraron hasta que casi corría.
- Qué rara está hoy – afirmó Brenda.

Brenda suspiró y entró en clase, pero yo me quedé clavada en el pasillo, observando cómo mi amiga salía del edificio y se llevaba con ella esa oportunidad de poder averiguar lo que le pasaba. Ahora tendría que esperar a mañana para saberlo.

Exhalé el aire por la nariz con inquietud mientras me mordía el labio, y entré en el aula, algo desmoralizada.
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Crisair
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Dom Abr 10, 2011 3:12 pm

Yo he visto un par de ellas... de Edward y Bella, en escenas de cama ... y bueno... no me interesan mucho!! mientras que no se filtren de Jacob genial, jeje.
Pero la verdad es que es una faena que filtren fotos... no deberian pero siempre está la picaresca!!
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JACOB&NESSIE
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Mar Abr 12, 2011 8:46 am

A mi tampoco me interesan nada esas escenas de cama, la verdad ¬¬ No me atraen nada! XDD

Bueno, aqui dejo otro capi Wink

---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

HELEN

- ¡Toma! – gritó Quil, alzando el puño al aire como signo de victoria.
- ¡Mierda! – protestó Canaan, pasándole ya el mando a Rachel, que era la siguiente.
- No cantes victoria tan pronto, primo, que ahora me toca a mí – le dijo ella.
- Ja – se burló Quil.
- Es buena, te lo advierto – afirmó Jake, llevándose el botellín de cerveza a la boca mientras yo seguía pasando los dedos por su pelo.
- Déjalo, hermanito. El movimiento se demuestra andando.
- Te voy a dar una paliza – amenazó Quil.
- Eh, no te pases – le advirtió Paul, dándole un empujón en el brazo.
- Tío, era en sentido figurado – se defendió.

Jake se llevó la mano a la cara y se rió de la confusión de Paul. Su cuñado le reprendió a él también, dándole otro empujón.

Quil y Rachel empezaron la partida.

- ¡Ahí te va, mi llave especial! – voceó Quil con entusiasmo.
- ¡De eso nada! ¡Toma patada!
- Jake, ¿me pasas una cerveza? – le pedí.
- Claro.

Su espalda dejó el espacio de entre mis piernas, despegándose de los bajos del sofá que le hacían las veces de respaldo, y ladeó su torso, estirándose un poco. Abrió una de las neveras portátiles, cogió un botellín, secándolo un poco con un trapo que habíamos traído de la cocina con ese fin para que el agua no gotease por toda la alfombra, y le quitó la chapa.

- Toma – me la pasó, apoyándose otra vez en el sofá.
- Gracias – y le revolví el pelo a modo de caricia juguetona.
- ¡Mierda! – se quejó Quil.
- ¿Lo ves? Te dije que era buena – aguijoneó Jake.
- Sí, ya lo veo – reconoció a regañadientes.
- Has perdido – se burló Claire.
- Ya, ya. Pero la próxima vez, ganaré – juró él.
- Bueno, ¿quién es el siguiente? – preguntó Rachel.
- Yo – levanté la mano y le pasé la cerveza a mi chico.
- ¡Uf! ¡Duelo de titanes! – exclamó él, riéndose con una malicia traviesa.
- Te voy a machacar – afirmó Rachel.
- Eso ya lo veremos, guapa – le rebatí con competitividad mientras le cogía el mando a Quil.
- ¡Uah! ¡Esto va a ser muuuuy interesante! – se rió Jacob, posando los botellines en el suelo para frotarse las manos.
- Si se pusieran en bikini y trajéramos un poco de barro, sí que sería interesante – soltó Shubael, mirando con picardía al horizonte como pensando en ello.

El cuerpo del quileute fue zarandeado, primero por el empujón que le dio Jake en el brazo, que lo llevó a un lado, y después con el siguiente de Paul, que le llevó al otro.

- Qué cerdo, siempre pensando en lo mismo – le reprendió Sarah, poniendo cara de asco.
- Ni que lo digas – asintió Isaac -. Y lo peor es que los demás tenemos que aguantar esas fantasías guarras que tiene, a todas horas.

La cara de Sarah pasó a ser de repugnancia total.

- Tú sí que estás para hablar – le achacó Shubael -. Tus pensamientos son películas porno directamente.
- ¡Por favor! ¡Hay una niña delante! – les riñó Quil.
- ¿Qué son películas porno, Quil? – quiso saber ella.
- Genial – masculló su imprimado con disgusto -. Sois un par de idiotas, ¿lo sabíais?
- Mira que sois burros – les criticó Rachel.

Isaac le dio una colleja a Shubael por su metedura de pata y éste se la devolvió por la suya.

- Di, ¿qué son? – azuzó la niña, dándole palmaditas en el hombro.
- Pues… son unas películas muy feas donde sale gente muy rara y… - pensó durante un par de segundos – hay muchos monstruos que hacen cosas muy malas y muy desagradables.
- Hombre, desagradables… - dudó Shubael.

Ahora fueron todos los que le dieron la merecida colleja.

- ¿Son películas de miedo? – continuó Claire.
- Sí, eso. De terror, así que no las pueden ver las niñas.

Claire se quedó pensativa.

- ¿Y tú cómo lo sabes? ¿Es que has visto alguna? – inquirió con inocencia.

Se me había olvidado lo lista que era esta niña.

Quil se puso pálido y el saloncito estalló en una risotada.

- Apuesto cinco dólares por Nessie – dijo Jared para ver quién se apuntaba a su reto y para desviar la atención a otro tema, cosa que Quil le agradeció en el alma.
- Pues yo por Rachel – picó Embry.
- Hecho – aceptó el primero.

Y los dos chocaron los puños.

- ¿Estás preparada? – inquirió mi futura cuñada.
- Cuando quieras.

Ambas apretamos el botón de inicio y nuestros luchadores de Pressing Catch comenzaron a moverse en el cuadrilátero.

- Venga, nena – me animó Jake, girando medio cuerpo para acariciar mi muslo, aunque sin quitarle ojo a la pantalla.
- Vamos, cariño – alentó Paul a Rachel, haciendo lo mismo.
- Oh, ¿ya vais a empezar vosotros dos con lo de siempre? – se quejó Seth entre risas.

Mi chico y Paul se dedicaron una mirada provocadora de reojo que ya respondía a su hermano de manada.

Me salió una risilla.

- ¡Prepárate para recibir! – gritó ella mientras su luchador ya saltaba desde las cuerdas y se caía encima del mío.
- ¡Muy bien, cielo! – alabó Paul, riéndose.
- ¡Ja, de eso nada! – contradije.

Toqué dos botones más y conseguí que mi personaje se levantara y le propinara una llave con patada al suyo, haciendo que saliera despedido del cuadrilátero.

- ¡Sí, dale caña, preciosa! – se carcajeó Jake, acariciándome con más brío.
- ¡Vamos, tú puedes, cariño! – trató de levantar Paul, aunque ya se mordía el labio al ver cómo mi luchador agarraba de los pelos al de Rachel y lo lanzara dentro de las cuerdas.
- ¡Sigue así, pequeña! – continuó animándome mi chico.
- ¡Levántate, Rachel!
- ¡No puedo! – lamentó ella.
- ¡Ahora, ahora! ¡Dale! – siguió Jake.
- ¡Y ahí tienes mi lluvia de patadas mortales! – exclamé con entusiasmo ante mi más que evidente victoria.
- ¡No vale! – se quejó Rachel imitando al tono de un lloriqueo -. ¡Eres mitad vampiro, juegas con ventaja!

Me carcajeé con malicia, totalmente satisfecha.

El tubito que se llenaba a medida que mi luchador golpeaba y que indicaba los puntos, se coloreó del todo y la pelea terminó con mi personaje alzando los puños al aire mientras que mi rival quedaba tendido en el suelo con un cartel sobre él que ponía game over.

- ¡Síííííííííí! – gritó Jake entre carcajadas maléficas, poniéndose de pie de un salto y levantando los brazos como mi luchador.
- Oh, vamos, no exageres, ¿quieres? – protestó Paul.

Mi chico se inclinó hacia mí para darme un beso y Embry le dio los cinco dólares a Jared no muy contento, a diferencia de éste, que sonreía de oreja a oreja.

- ¿Qué pasa? ¿Te fastidia? – se burló Jake, sentándose de nuevo.
- Bah, pásame una de esas empanadillas que hizo Rachel, anda.
- ¿Qué te crees que soy, tu criada? – protestó él -. Cógelas tú, ya sabes dónde están.
- ¿Vais a empezar a discutir? – volvió a quejarse Seth.
- No te preocupes, Paul, yo las traeré – intervine -. En realidad, creo que traeré toda la comida, ya es hora de que cenemos.
- Gracias, cuñadita – me sonrió.
- Pero si tienes que seguir jugando – señaló Jacob.
- Te paso el testigo a ti – y le di el mando más un beso en la cabeza mientras me ponía de pie.
- Bueno, como quieras – aceptó de buen grado.
- Espera, te ayudo – se ofreció Brenda, levantándose del otro brazo del sofá.
- Vale – asentí con una sonrisa.

Las demás chicas ya empezaban a levantarse para unirse a nosotras.

- No, no hace falta que vengáis – las paré, riéndome al ver cómo intentaban salir de entre todos esos corpachones que tenían debajo de su asiento -. Brenda y yo nos las arreglamos, tranquilas.
- ¿Seguro? – inquirió Sarah con el trasero en alza.
- Seguro, no os preocupéis – afirmé, comenzando a caminar hacia la cocina junto a Brenda -. Y tú defiende mi título bien, ¿eh? – le dije a Jake de camino.
- Descuida, nena – asintió, ya metido en el juego totalmente.

Mi amiga y yo entramos en la cocina y nos acercamos a la meseta para sacar la comida de las enormes bolsas de tela que habían traído los quileute.

El griterío del saloncito llegaba hasta la cocina, llenándola de alegría.

- ¿Sabes algo de Helen? – aproveché nuestra soledad para preguntarle a Brenda.
- No – negó con la cabeza -. Esta mañana la llamé al móvil y a su casa, pero nada. Y tampoco contesta a mis correos.
- No sé, ya estoy empezando a preocuparme de verdad – confesé con inquietud mientras sacaba los herméticos donde estaban las famosas empanadillas de Rachel -. Me parece muy raro que Helen no nos coja el teléfono, ni conteste a los correos, ni se quiera poner. ¿Le habrá pasado algo grave? Porque si es así, seguro que su padre no avisa a nadie.
- Bueno, ayer el señor Spencer te dijo que estaba en casa, ¿no?
- Sí, pero, ¿y si Helen está en el hospital y no nos lo ha dicho? – manifesté, mordiéndome el labio con preocupación -. Ese hombre es tan raro…
- ¿Y por qué iba a estar en el hospital? – cuestionó ella con una sonrisa un tanto objetora.
- Yo qué sé, por decir algo. A lo mejor ha tenido un accidente doméstico o algo – conjeturé.

Brenda bajó la mirada, pensativa, y frunció los labios.

- ¿Quieres que llame al hospital para preguntar y así nos quedamos más tranquilas? – se ofreció, alzando la vista hacia mí.

Ahora mi amiga parecía algo preocupada.

- Igual estoy siendo demasiado exagerada, ¿no? – reconocí, riéndome un poco por vergüenza a la vez que posaba otro hermético en la encimera.
- No te creas, la verdad es que sí que es raro – coincidió ella -. No me extrañaría nada que Helen estuviera en el hospital y el señor Spencer no le dijera nada a nadie. Ese hombre es muy huraño y no debe de estar muy bien de la cabeza. El pobre se quedó muy tocado con la muerte de su mujer. Helen me llegó a decir en una ocasión que hasta intentó suicidarse – desveló, para mi completo asombro.
- ¿En serio?
- Sí, pero no lo hizo y se dio más a la bebida, lo cual ha empeorado su carácter introvertido.

Me llevé la mano a la barbilla, pensativa, y ahora, además, todavía más preocupada por Helen.

- Llamaré al hospital – declaró Brenda al ver mi cara, sacando su móvil del bolsillo de su pantalón mientras se acercaba a la ventana de la cocina.

Unas risotadas estallaron en el saloncito.

Me apoyé en la encimera y me quedé escuchando, mordiéndome la uña de mi dedo pulgar.

- Ah, hola – empezó a hablar Brenda -. Mire, me gustaría saber si está ingresada una amiga mía – se hizo un silencio de dos segundos -. Helen Spencer – Brenda levantó la vista mientras esperaba la contestación y ambas nos miramos. La cara de alivio de después me tranquilizó -. Vale, gracias – y colgó.
- No está ingresada – adelanté, soltando un suspiro de sosiego.
- No – ratificó, guardando su teléfono de nuevo y acercándose a la encimera para seguir sacando la comida -. Así que no tenemos por qué preocuparnos. Seguro que es una gripe o algo así. Ya verás cómo mañana está en clase – me dijo para calmarme.
- Sí, tienes razón – asentí con otra exhalación.
- Venga, llevemos esto, que esos lobos ya deben de estar todos hambrientos – bromeó.
- Sí, si nos descuidamos, igual nos comen a nosotras – me reí, portando dos herméticos abiertos y un mantel colgando del brazo para llevarlos a la mesa.
- Bueno, eso no estaría mal… - insinuó, sonriendo -. Yo no tendría ningún problema en que me comiera Seth. ¿Tú que dices?
- A mí me encanta que me devore mi lobo feroz…

Y salimos las dos de la cocina entre risitas picaronas.



Corrí por el pasillo lo más deprisa que pude y que las vistas de los demás estudiantes que estaban terminando de entrar en sus aulas me permitían. Esa mañana Jacob y yo nos habíamos entretenido demasiado y ambos estábamos apunto de llegar tarde, yo a clase y él al trabajo.

Pasé el umbral de la puerta de mi clase y frené cuando vi que la mesa del profesor todavía estaba vacía. Expiré el aire con alivio y me giré para dirigirme a mi pupitre.

Mis ojos se sorprendieron al ver a Helen en su sitio y sonreí, todavía más aliviada y contenta. Brenda ya se encontraba en su asiento, pues ya había sonado el timbre.

No me dio tiempo ni de decir hola.

En cuanto me senté junto a Helen, el señor Grant apareció por la puerta, cerrando con un portazo alegre y dinámico. Bueno, señor era un decir, porque esta nueva adquisición del director para Ciencias Naturales no llegaría a treinta años. Su media melena rubia y revuelta, y una descuidada barba de varios días, le conferían un aire más juvenil y desenfadado, y sus ojos azules, su procedencia californiana y su ya conocido espíritu aventurero dentro y fuera del ámbito de la naturaleza, hacía que la mayoría de féminas de la clase suspirasen por él a cada instante. Era el único profesor que nos tuteaba.

El profesor posó su maletín en la mesa y comenzó a dar su clase, con las atentas miradas de un elevadísimo número de las chicas del aula.

Miré a mi derecha para ver a Helen por el rabillo del ojo. Su adormilado semblante estaba apoyado sobre su mano diestra y se inclinaba levemente hacia ese lado, en peso muerto. Sus ojos dorados falsos estaban bien remarcados por unas ojeras violetas que los hacía parecer hundidos y lúgubres, y su rostro parecía cansado y triste, melancólico. Llevaba su pelo castaño oscuro atado en una coleta hecha a desgana y no llevaba nada de maquillaje, lo cual me hizo verla de una manera nueva y extraña, ya que jamás la había visto sin sus párpados y sus labios negros; ni siquiera lucía su piercing en la nariz.

La verdad es que tenía un aspecto horrible. Lo único gótico que se había puesto para que yo pudiera identificarla, eran sus lentillas doradas y sus ropajes oscuros.

Arranqué un trocito de papel de la parte trasera de mi cuaderno, vigilando al señor Grant, que se movía de lado a lado en la zona de la pizarra mientras daba su animosa lección, y escribí.

¿Qué te ha pasado? ¿Has estado enferma o algo?

Le pasé la nota. Helen estaba pensando en las musarañas, y tuve que darle un pequeño codazo para que reaccionara y viera el papelito.

Pegó un pequeño bote del sobresalto, me miró, le señalé la nota con el dedo, y ella movió su cabeza para, por fin, verla.

La leyó y escribió justo debajo.

Sí, de gripe.

Contestó escuetamente.

¿Y por qué no contestaste a nuestras llamadas ni a los correos? Estábamos muy preocupadas por ti, ¿sabes?

Porque estaba en la cama con fiebre.

Otra vez, una respuesta rápida. ¿Qué le pasaba? Parecía distante.

¿Es que estás enfadada con nosotras por algo?

Helen me miró y suspiró.

No.

Pues lo parece, la verdad.

Lo escribí con el ceño fruncido y lo deslicé por el pupitre con rapidez, en su dirección. Encima que habíamos estado preocupadas por ella…

No, claro que no estoy enfadada. Es sólo que todavía no estoy recuperada del todo y me encuentro un poco mal, eso es todo. Perdonad por no haberos contestado.

Y me pasó su nota con una media sonrisa que suplicaba comprensión.

Lo cierto es que su aspecto no era muy saludable, que digamos. Le sonreí a modo de no pasa nada, y dejé que atendiera a la lección sobre los bosques y el negativo impacto del ser humano que estaba dando el señor Grant con tanta pasión.

La hora del almuerzo tardó un poco, pero llegó. Helen, Brenda y yo nos encontramos con las gemelas en la cafetería, llenamos nuestras bandejas, después de esperar una larga cola, y nos sentamos con ellas.

- ¿Qué tal estás, Helen? – le preguntó Alison, con una mirada preocupada al ver su aspecto.
- Sí, ¿qué te ha pasado? – continuó su hermana -. ¿Por qué no nos has contestado?
- Porque he estado enferma de gripe y me he pasado toda la semana en la cama durmiendo – respondió, con un aire cansado.
- Tienes unas pintas horribles – le soltó Brenda, llevándose una patata a la boca.

Le di un pisotón por debajo de la mesa para regañarla, pero no pareció darle importancia.

- Bueno, todavía no estoy bien del todo – le contestó Helen con una mueca que simulaba odio.
- En fin, me alegro de verte por aquí – sonrió Brenda -. Nos tenías bastante preocupadas.
- Ya, me lo dijo Nessie – me miró y nos sonreímos -. Perdonad, pero estaba tan cansada, que no tenía fuerzas ni para levantar la mano.
- Habrá que perdonártelo – bromeé, tirándole una miga de pan.

Helen se rió y me la devolvió.

- ¿Qué tal el fin de semana? ¿Habéis hecho algo especial? – inquirió Jennifer, tomando un sorbo de su refresco.
- Seguro que Nessie ha hecho muchas cosas especiales – insinuó Brenda para tomarme el pelo.

Las chicas irrumpieron con unas risillas pícaras, aunque Helen solamente sonrió un poco, como si no lo hubiese escuchado bien. Yo me puse roja como un tomate.

- Ja, ja – articulé con ironía -. Pues mira, sí, pero eso no te lo voy a contar a ti. Además, también estuve montando en moto y aprendiendo a conducir mi nuevo forito.
- ¿Ya lo habéis terminado? – exclamó Brenda con una sonrisa.
- Sí, Jake me compró un motor y me lo puso el viernes. Estuvo haciendo horas extra en el trabajo para poder regalármelo.
- Qué cielo – le aclamó Alison, poniendo ojitos -. Yo quiero uno así…
- Vete a la reserva, a lo mejor lo encuentras – le recomendó Brenda -. Mírame a mí.

Nos reímos una vez más, y esta vez, Helen ni siquiera levantó la comisura. Estaba totalmente distraída, pensando en algo. Mi sonrisa se apagó y terminé mordiéndome el labio inferior con preocupación.

- ¿Y qué tal se te dio eso de conducir? – me preguntó Jennifer, sacándome de mis pensamientos.
- Ah, muy bien. Ayer estuvimos practicando por Forks, y esta semana lo haremos por Port Angeles y Seattle. Si se me da tan bien como por aquí, me presentaré al examen la próxima semana.
- Guau, ¿tan pronto? – se sorprendió.
- Ajá – asentí, tomando un par de sorbos de mi bebida.
- Pues sí que se te debe de dar bien – reconoció ella.

Me encogí de hombros y me metí un poco de comida en la boca.

- Bueno, cuando tengas ese carné, nos llevarás a dar una vuelta en tu forito, ¿no? – reclamó Brenda.
- Claro, aunque vais a ir un poquito apretadas, porque es un coche pequeño – les avisé.
- No importa, nos apretujaremos – dijo Jennifer.
- ¿Y todos los chicos de la reserva son como Jacob y Seth? – interrogó de repente Alison, que seguía pensando en el tema anterior.

La mesa estalló en una carcajada, aunque mis ojos oscilaron directamente a Helen, la cual seguía en su nube, y no pudieron evitar mirarla otra vez con preocupación.

Estaba claro que algo raro le pasaba, no era sólo la gripe. Parecía preocupada y angustiada. Me moría de ganas de saber qué es lo que ocurría, pero decidí que lo mejor era esperar al final de las clases, para que estuviéramos a solas. Brenda no coincidía con nosotras en la última asignatura, así que podía aprovechar el momento entre el timbre y la salida de la clase para hablar con ella. Tendría que reprimir mis ganas de salir del aula corriendo para abrazar a Jake, pero bueno.

Una vez que terminamos de almorzar y, por lo tanto, de darle al pico, volvimos a clase. Las gemelas entraron por la puerta que les correspondía, y Helen, Brenda y yo por la nuestra.

El señor Varner ya estaba en el aula, pasando el borrador por la pizarra. Enseguida la llenó de logaritmos y fórmulas.

En cuanto la clase de Cálculo terminó, todos los alumnos comenzamos a recoger nuestras cosas para ir a la siguiente aula. Mis amigas y yo pusimos nuestras mochilas al hombro y nos dirigimos a la puerta.

Salimos al pasillo y, cuando íbamos a meternos en la siguiente clase, los pies de Helen se pararon repentinamente.

- Yo me voy – anunció de pronto.
- ¿Te vas? – pregunté, parpadeando de la sorpresa.
- Sí, no… no me encuentro bien – declaró con algo de nerviosismo, empezando a caminar hacia la puerta de salida -. Os veo mañana - y sus pasos se aceleraron hasta que casi corría.
- Qué rara está hoy – afirmó Brenda.

Brenda suspiró y entró en clase, pero yo me quedé clavada en el pasillo, observando cómo mi amiga salía del edificio y se llevaba con ella esa oportunidad de poder averiguar lo que le pasaba. Ahora tendría que esperar a mañana para saberlo.

Exhalé el aire por la nariz con inquietud mientras me mordía el labio, y entré en el aula, algo desmoralizada.
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MensajeTema: Re: 2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18   Miér Abr 13, 2011 10:52 pm

Holaaaaaaaa, Chica! Te he echado mucho de menos ... jajajajaja ... Sigue con los capis, estan buenisimos... Estoy de acuerdo con todo lo que han dicho sobre la filtracion de las imagenes, son escenas de cama??? A mí no me interesan nada, nada... En cambio, si fuera Jacob y Nessie Embarassed Besooooooooooosss Guapa!
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2º LIBRO DE JACOB Y NESSIE: NUEVA ERA (Continuacion de Despertar) +18

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